Las VIII Jornadas sobre Tecnología al Servicio del Sector Agroalimentario tuvieron lugar el pasado 4 de junio en la UPV, Universidad Politécnica de Valencia, España. Coordinadas por Antonio Reig, contaron con la presencia de Vicente Tejedo, Secretario autonómico de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana, y de Constanza Rubio. Directora de la ETSIA, Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Rural, y reunieron a representantes de empresas tecnológicas, productores, industrias agroalimentarias, entidades financieras, distribución comercial, consultoras y administraciones públicas para analizar los principales retos y oportunidades del sector.
A lo largo de las diferentes ponencias y mesas redondas se abordaron cuestiones relacionadas con la digitalización, la inteligencia artificial, la sostenibilidad, la competitividad, la innovación, la normativa y la evolución de los mercados.
La inauguración puso de relieve la importancia económica del sector agroalimentario en la Comunidad Valenciana (CV). Según los datos expuestos, representa cerca del 10 % del PIB regional y ha superado los 10.000 millones de euros de valor económico en 2025. También se destacó el peso de las exportaciones y el papel de esta comunidad como una de las regiones más importantes del país en producción agroalimentaria.
Los representantes institucionales insistieron en la necesidad de seguir invirtiendo en innovación y tecnología para mantener la competitividad.
Entre las líneas prioritarias se señalaron la automatización industrial, la robótica, la digitalización de procesos, la biotecnología y la transferencia efectiva del conocimiento desde los centros de investigación hacia las empresas. Se recordó que la investigación sólo genera valor cuando sus resultados llegan al tejido productivo y se transforman en mejoras reales para las explotaciones y las industrias.
También se anunciaron nuevas líneas de apoyo económico para fomentar la inversión tecnológica en las empresas agroalimentarias, así como mecanismos de financiación complementarios a través de entidades públicas. Estas incluyen un matadero para rumiantes, inexistente a la fecha en la CV.
La primera mesa redonda se centró en la evolución del modelo agroalimentario español y valenciano. Los participantes coincidieron en que la competitividad del sector está sometida a una creciente presión derivada de los costes de producción, la competencia internacional y la reducción del consumo de algunos productos tradicionales.
Desde diferentes perspectivas se señaló que España continúa siendo una potencia exportadora de frutas y hortalizas, pero que ha perdido parte de su ventaja competitiva debido al aumento de costes laborales, la fragmentación de las explotaciones y la entrada de productos procedentes de países con menores costes de producción.
El minifundismo fue identificado como uno de los principales problemas estructurales de la Comunidad Valenciana. La excesiva fragmentación de las explotaciones dificulta la mecanización, limita las economías de escala y reduce la rentabilidad. Por ello, varios ponentes defendieron la necesidad de aumentar la productividad de cada hectárea cultivada mediante tecnología, innovación y una gestión más eficiente.
También se destacó la importancia de recuperar el prestigio de las profesiones vinculadas al campo y de atraer a nuevas generaciones de agricultores y técnicos. El relevo generacional fue señalado como uno de los mayores desafíos para la supervivencia futura del sector y para que este ocurra debe ir aparejado de rentabilidad en la actividad económica. La renovación generacional ya es una realidad en el sector del limón, como explicó durante la reciente edición de Decco Poshtarvest Talks en Murcia Antonio Hernández, responsable técnico de Ailimpo.
La biotecnología apareció como una de las áreas con mayor potencial de crecimiento. Empresas especializadas explicaron cómo el trabajo sobre la microbiota del suelo permite mejorar la disponibilidad de nutrientes, reducir fertilizantes y aumentar la productividad de forma sostenible.
Durante años la atención se centró principalmente en la parte aérea de los cultivos. Sin embargo, los avances científicos han demostrado la importancia del suelo como elemento clave para la productividad y la sostenibilidad. La recuperación de microorganismos beneficiosos, la mejora de la fertilidad biológica y la optimización de procesos naturales constituyen actualmente líneas prioritarias de investigación.
La reducción de residuos de fitosanitarios también fue objeto de análisis. Las exigencias regulatorias y comerciales obligan a buscar alternativas que mantengan la eficacia productiva minimizando el uso de materias activas. En este sentido, se presentaron sistemas de control en línea capaces de optimizar la aplicación de fungicidas y reducir significativamente las cantidades necesarias.
Asimismo, se mostraron tecnologías de lavado higiénico y recirculación de agua que permiten disminuir riesgos microbiológicos sin generar residuos adicionales, contribuyendo tanto a la sostenibilidad como a la seguridad alimentaria.
Benito Orihuel, actualmente Postharvest Adviser e impulsor de la posición de liderazgo que ocupa actualmente Citrosol, abordó algunos de los principales retos que afronta el sector citrícola y la industria poscosecha.
Orihuel mostró su preocupación por la reducción del consumo de cítricos en Europa y defendió la necesidad de impulsar campañas de promoción que destaquen las ventajas de los cítricos producidos en España y en la Unión Europea. A su juicio, no basta con comunicar los beneficios nutricionales tradicionales, sino que también debe ponerse en valor la sostenibilidad, la proximidad, el menor consumo energético asociado al transporte y las mayores garantías en materia de seguridad alimentaria y uso de fitosanitarios.
Asimismo, insistió en la necesidad de desarrollar nuevas formas de consumo que permitan adaptar los cítricos a los hábitos actuales de los consumidores. Considera que el sector debe ser capaz de innovar no sólo en la producción, sino también en la manera de presentar y comercializar sus productos.

Benito Orihuel, en el centro, Postharvest Adviser, explica los aportes que significan CATsystem y Citrocide para la sostenibilidad
En el ámbito tecnológico, destacó los avances realizados por Citrosol para reducir el uso de materias activas en los tratamientos poscosecha. Explicó que la disminución progresiva de productos fitosanitarios autorizados obliga a optimizar al máximo los tratamientos disponibles. Como ejemplo presentó el sistema CATsystem, una tecnología de control en línea que permite monitorizar y ajustar continuamente la concentración de fungicidas durante los procesos de tratamiento. Gracias a ello, según explicó, se ha conseguido mantener altos niveles de eficacia utilizando menos materias activas y reduciendo residuos.
Otro de los desarrollos presentados fue Citrocide, una tecnología de lavado higiénico aplicada a frutas y hortalizas que permite controlar los riesgos microbiológicos sin generar residuos químicos. El sistema se está extendiendo a diferentes productos hortofrutícolas y se basa en una gestión avanzada del agua, incluyendo procesos de regeneración y reutilización continua.
Orihuel también destacó que la poscosecha del futuro no se centrará únicamente en evitar pérdidas o mermas durante la comercialización. En su opinión, los supermercados comenzarán a exigir cada vez más parámetros relacionados con la calidad percibida por el consumidor. Entre ellos mencionó la firmeza del fruto, una característica que diversos estudios han identificado como determinante en la decisión de compra. Esto obligará a incorporar nuevos indicadores de calidad en toda la cadena de valor.
Respecto al control biológico en poscosecha, explicó que, aunque se han logrado avances importantes en determinados cultivos, los cítricos siguen presentando dificultades específicas debido a la extraordinaria capacidad de adaptación de algunos patógenos, como Penicillium digitatum. Por ello considera que la investigación debe continuar explorando nuevas soluciones que permitan mantener la eficacia de los tratamientos con menores residuos y mayor sostenibilidad.
En conjunto, la intervención de Citrosol puso de manifiesto que la innovación poscosecha será uno de los factores clave para mejorar la competitividad del sector hortofrutícola, combinando seguridad alimentaria, reducción de residuos, eficiencia en el uso del agua y adaptación a las nuevas demandas de los consumidores.
Otro de los temas centrales fue la evolución de las preferencias de los consumidores. Si hace décadas el consumo de frutas, especialmente cítricos, estaba asociado principalmente a sus beneficios nutricionales, hoy intervienen otros factores como la sostenibilidad, el impacto ambiental, el bienestar laboral o la reducción de residuos.
Los participantes coincidieron en que la calidad ya no puede limitarse a aspectos visuales o productivos. El consumidor demanda cada vez más información sobre el origen de los productos, los métodos de producción y las condiciones sociales y ambientales asociadas.
Se subrayó asimismo la necesidad de educar al consumidor para que comprenda mejor la naturaleza de los productos agrícolas. Algunos defectos estéticos no afectan a la calidad del alimento, pero siguen condicionando la decisión de compra. Esta situación genera desperdicio alimentario y penaliza a los productores.
Además, se planteó la conveniencia de desarrollar nuevas formas de consumo para productos tradicionales como los cítricos, cuyo consumo ha disminuido en los últimos años. La innovación en formatos, presentaciones y estrategias de comunicación fue considerada fundamental para recuperar la demanda.
Uno de los mensajes más repetidos durante la jornada fue que los datos se están convirtiendo en el principal activo estratégico de la cadena agroalimentaria. Desde Europa se está impulsando la creación de espacios comunes de datos agrarios con el objetivo de facilitar el intercambio de información, reducir cargas administrativas y mejorar la capacidad de respuesta ante problemas productivos, climáticos o comerciales.
Los expertos señalaron que ya no será suficiente con producir correctamente; también será necesario demostrarlo mediante información verificable. La trazabilidad, la sostenibilidad, la gestión eficiente de recursos y el cumplimiento normativo dependerán cada vez más de la capacidad de recopilar, analizar y compartir datos.
En este contexto se presentaron diferentes modelos basados en capas de adquisición de datos, almacenamiento de conocimiento, orquestación de procesos y toma de decisiones. Estas arquitecturas pretenden convertir la información generada por explotaciones agrícolas, industrias y cadenas logísticas en herramientas prácticas para la gestión empresarial.
Diversas empresas tecnológicas mostraron aplicaciones reales de la digitalización en la industria agroalimentaria. Entre las más destacadas figuran los sistemas de visión artificial, capaces de automatizar tareas de clasificación, control de calidad y detección de defectos.
Se presentaron ejemplos relacionados con la industria cárnica, donde el despiece de un animal puede generar miles de referencias comerciales diferentes. La visión artificial permite identificar los cortes, clasificarlos correctamente y proponer el envasado más adecuado. También se mostraron aplicaciones para la detección de defectos en productos de panadería, control de sellado de envases, clasificación de frutos secos y análisis de calidad del pescado.
Especial atención recibieron las cámaras hiperespectrales, capaces de analizar la composición química de los alimentos mediante imágenes. Esta tecnología permite detectar frutos dañados o no aptos para el consumo de forma mucho más precisa que los sistemas convencionales.
Otro ámbito relevante fue el de los gemelos digitales y la simulación industrial. Gracias a estas herramientas es posible recrear virtualmente una planta de producción antes de su puesta en marcha, anticipar problemas, optimizar diseños y ensayar distintos escenarios operativos. Las empresas explicaron cómo estas simulaciones reducen riesgos, mejoran la eficiencia y facilitan futuras ampliaciones de las instalaciones.
Una de las intervenciones más destacadas fue la de una empresa líder del sector de panadería y bollería industrial, que explicó cómo la innovación ha sido una constante en su historia. A través de ejemplos prácticos se mostró que innovar no consiste únicamente en desarrollar nuevos productos, sino también en mejorar procesos, logística, distribución y modelos de negocio.
La empresa defendió que las personas constituyen el principal activo innovador de cualquier organización. En un entorno cambiante, la capacidad de adaptación y aprendizaje resulta más importante que la propia tecnología.
También se presentaron modelos de colaboración empresarial orientados a generar ecosistemas de innovación. La creación de hubs tecnológicos, la cooperación con startups y la colaboración con universidades fueron identificadas como mecanismos esenciales para acelerar el desarrollo de nuevas soluciones.
Entre los proyectos analizados destacaron iniciativas relacionadas con la nutrición personalizada basada en análisis genéticos, así como sistemas avanzados de automatización apoyados en inteligencia artificial.
La segunda mesa redonda reunió a representantes de la industria, la distribución y la consultoría para debatir sobre rentabilidad y gestión empresarial.
Los participantes coincidieron en que la inflación, el incremento de costes energéticos, la concentración de la distribución y el crecimiento de las marcas blancas están reduciendo los márgenes empresariales. En este contexto, la diferenciación mediante innovación y calidad se convierte en una necesidad para mantener la rentabilidad.
Los representantes de la distribución señalaron que el consumidor actual es extremadamente sensible al precio, pero también exige calidad, comodidad y rapidez. El crecimiento de los canales digitales y del comercio rápido está modificando profundamente los hábitos de compra.
Otro aspecto destacado fue la creciente incertidumbre empresarial. Los modelos tradicionales de planificación estratégica a largo plazo están perdiendo eficacia en un entorno caracterizado por cambios continuos.
Varias empresas explicaron que han sustituido los planes rígidos por modelos más flexibles basados en la adaptación constante.
La capacidad de implementar cambios rápidamente fue considerada una ventaja competitiva decisiva.
La inteligencia artificial fue probablemente el tema transversal más presente durante toda la jornada. Los ponentes coincidieron en que ya no se trata de una tecnología de futuro, sino de una herramienta que está comenzando a generar resultados concretos.
Las aplicaciones presentadas abarcaron desde la predicción de demanda y la optimización logística hasta la automatización de procesos industriales y administrativos. También se habló de sistemas capaces de actuar como asistentes especializados entrenados con el conocimiento interno de las organizaciones.

Joaquín Carretero, Responsable Innovación Industria Digital de Nuncys resume "La tecnología no sustituye al agricultor, al ganadero, al veterinario, al técnico ni al industrial. Les permite ver antes, anticipar riesgos y optimizzar recursos para competir mejor en una cadena alimentaria cada vez más exigente"
Los expertos insistieron en que la inteligencia artificial no genera valor por sí misma. Su eficacia depende de la calidad de los datos disponibles y de la correcta definición de los problemas a resolver. Por ello, la captura de datos fiables y la formación de profesionales capaces de conectar las necesidades empresariales con las herramientas tecnológicas fueron identificadas como requisitos fundamentales.
Además, se destacó que los costes de implantación están disminuyendo rápidamente, lo que permitirá una adopción cada vez más amplia, incluso entre pequeñas y medianas empresas.
La jornada dedicó un bloque específico a analizar las principales novedades legislativas que afectan al sector agroalimentario. El tema fue tratado por Mar Guardiola, de Andersen, quien entre las normas más relevantes se mencionó la Ley de la Cadena Alimentaria, que obliga a formalizar contratos por escrito y prohíbe fijar precios por debajo de los costes de producción.
También se abordó la Ley de Desperdicio Alimentario, que exige planes de prevención y valorización de excedentes, priorizando la donación, el reciclaje y otros usos alternativos.
Otra cuestión importante fue la normativa sobre envases y residuos, que incorpora nuevas obligaciones para los productores y avanza hacia modelos de responsabilidad ampliada. Asimismo, se explicó el impacto futuro de los sistemas de devolución y retorno.
Especial atención recibió el Reglamento Europeo contra la Deforestación, que prohibirá comercializar productos vinculados a procesos de deforestación. Esta normativa afectará a numerosos productos agroalimentarios y exigirá niveles muy elevados de trazabilidad.
Por último, se analizaron las oportunidades derivadas del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur. Aunque existen preocupaciones sobre la competencia exterior, también se prevén importantes incrementos de las exportaciones agroalimentarias europeas.
Las jornadas dejaron claro que el sector agroalimentario atraviesa una profunda transformación impulsada por la tecnología, la sostenibilidad y los cambios en el mercado. La digitalización, los datos, la inteligencia artificial y la biotecnología aparecen como herramientas fundamentales para mejorar la productividad y mantener la competitividad.
Al mismo tiempo, las empresas deberán adaptarse a nuevas exigencias normativas, consumidores más informados y mercados cada vez más complejos. La colaboración entre empresas, universidades, centros tecnológicos y administraciones se presenta como un factor decisivo para afrontar estos desafíos.
El mensaje final compartido por muchos de los participantes fue que el futuro del sector dependerá de su capacidad para innovar, medir, compartir conocimiento y adaptarse continuamente a un entorno en permanente cambio.
En la imagen principal, de izquierda a derecha, Vicente Tejedo, Secretario autonómico de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana, Constanza Rubio. Directora de la ETSIA, Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Rural, y Antonio Reig, Coordinador de las Jornadas