Actualidad

Retos poscosecha del aguacate: temperatura, daños por frío y pardeamiento interno

La creciente demanda de aguacate en mercados lejanos obliga a afinar los protocolos de conservación para minimizar daños por frío, pardeamiento interno y problemas de maduración, manteniendo al mismo tiempo la calidad que espera el consumidor

retos-poscosecha-aguacate-danos-frio.jpg.jpg
11 Diciembre, 2025
Aguacate

La expansión del mercado internacional de aguacate ha puesto a prueba los sistemas de conservación y transporte, que deben mantener la calidad de una fruta especialmente sensible al frío, al etileno y a la madurez de cosecha. Cada campaña se mueven volúmenes crecientes hacia destinos con requisitos muy estrictos de presentación y homogeneidad, lo que hace más visibles cualquier fallo en la cadena poscosecha.

En este contexto, pequeños desajustes en temperatura, tiempos de tránsito o manejo del etileno pueden traducirse en lotes con buena apariencia externa, pero con defectos internos que solo se detectan en destino, con el consiguiente impacto comercial.

 

Sensibilidad al frío y respuesta fisiológica

El aguacate es una de las frutas que más claramente reflejan los efectos de un manejo de temperatura inadecuado. Cuando se trabaja por debajo de los rangos recomendados y durante tiempos prolongados, pueden aparecer daños por frío que se traducen en pardeamiento de la pulpa, manchas en la piel, pérdida de firmeza y una mayor predisposición al desarrollo de podredumbres.

Este comportamiento obliga a ajustar con precisión los programas de refrigeración. No basta con "enfriar más" para alargar la vida útil, ya que una temperatura demasiado baja puede desencadenar problemas que solo se hacen visibles al final de la cadena, en el punto de venta o incluso en el hogar del consumidor. Además, la tolerancia al frío puede variar según la variedad, el origen y las condiciones climáticas previas a la cosecha, lo que añade un nivel extra de complejidad al diseño de los protocolos de conservación.

En paralelo, la combinación entre temperatura, tiempo de conservación y estado fisiológico del fruto determina hasta qué punto el aguacate soporta viajes largos sin desarrollar daños internos. Por eso, cada vez cobra más importancia el ajuste fino de los perfiles de temperatura en función del destino y del tipo de mercado al que se dirige la fruta.

 

Madurez de cosecha, materia seca y calidad interna

La calidad final del aguacate está muy ligada al momento de corte. Parámetros como la materia seca y la firmeza inicial condicionan la evolución del fruto durante el almacenamiento y el transporte. Si se cosecha antes de tiempo, la maduración posterior puede ser irregular, con texturas poco agradables y una experiencia de consumo por debajo de lo esperado.

En la práctica, muchos operadores se enfrentan a lotes con una madurez interna heterogénea. Dentro de una misma partida pueden convivir frutos que alcanzan el punto de consumo en pocos días con otros que todavía necesitan tiempo para ablandar, lo que complica la gestión comercial y el objetivo de ofrecer una presentación homogénea en el lineal. Por este motivo gana importancia la evaluación sistemática de la materia seca y de otros indicadores de calidad interna, tanto en origen como en los diferentes puntos de control de la cadena.

Esta visión más centrada en la calidad interna también está abriendo la puerta al uso de técnicas de evaluación no destructiva que ayuden a caracterizar mejor los lotes y a decidir qué destinos y qué programas de manejo son los más adecuados en cada caso.

 

Etileno, atmósferas de conservación y velocidad de maduración

Como fruto climatérico, el aguacate responde de forma muy marcada al etileno. Su presencia acelera los procesos de ablandamiento, mientras que su reducción o eliminación ayuda a ralentizar la maduración. El reto consiste en encontrar el equilibrio entre la necesidad de mantener el fruto firme durante el transporte y la de ofrecer, en destino, un producto en estado óptimo de consumo.

Las tecnologías de atmósfera controlada o modificada, combinadas con una humedad relativa elevada y estable, se utilizan para modular la respiración del fruto y reducir la pérdida de agua. Al mismo tiempo, avanzan las herramientas de monitorización, desde sensores de gases hasta métodos de evaluación no destructiva, que permiten seguir de cerca la evolución de la calidad y tomar decisiones más ajustadas en cada eslabón de la cadena.

Por todo ello, la poscosecha del aguacate se ha consolidado como un campo de trabajo donde la coordinación entre cosecha, refrigeración, manejo del etileno y diseño de atmósferas de conservación resulta clave. Un buen ajuste de estos factores ayuda a reducir reclamaciones, mejorar la experiencia de consumo y sostener el crecimiento del mercado.

 

Fuente: UC Davis Postharvest Technology Center.

whatsapp
Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Financiado por la Unión Europea