El sector frutícola se reunió en Lleida en la XXIV Jornada Técnica de Postcosecha del IRTA, celebrada bajo el lema "Nuevos escenarios, nuevas estrategias: claves para la competitividad del sector de la postcosecha". La edición de este año puso el foco en un cambio de fondo para centrales y operadores: la conservación de fruta debe adaptarse a un contexto con menos herramientas disponibles, mayores exigencias normativas, nuevas variedades, presión climática y una necesidad creciente de tomar decisiones apoyadas en datos.
La jornada fue presentada por Neus Teixidó, directora del Programa Postcosecha del IRTA, quien situó el encuentro en un escenario marcado por el clima, la evolución normativa, la incorporación de tecnologías digitales y los cambios en la comercialización.
Teixidó, durante la presentación de la jornada, señaló:
"Nos encontramos en un escenario de cambio, marcado por el clima, la evolución normativa, la incorporación de tecnologías digitales y los temas de comercialización".
El programa se estructuró en torno a varios bloques técnicos: disponibilidad de productos, gestión de cosecha, conservación de nuevas variedades, normativa y mercados, nutrición, automatización e inteligencia artificial.
Uno de los temas centrales fue la preocupación del sector ante la posible pérdida de materias activas ampliamente utilizadas en poscosecha. Charo Torres, investigadora del Programa Postcosecha del IRTA, abordó el caso del fludioxonil y planteó que su eventual retirada no puede afrontarse únicamente buscando un sustituto directo.
Torres explicó
"Tenemos delante posibles alternativas, pero con variabilidad. Hay una clara necesidad de integración e incluso de un cambio de paradigma: pasar de producto a sistema, a estrategia y a manejo".
La línea de trabajo expuesta por el IRTA apunta hacia estrategias integradas, combinando medidas en campo y poscosecha, reducción de la carga de inóculo, termoterapia, productos de baja toxicidad y soluciones adaptadas a cada fruta y sistema de trabajo. Entre las alternativas presentadas destacaron los ensayos con agua caliente, la combinación con aceites esenciales y el avance hacia pruebas en condiciones más cercanas a la realidad comercial.
Este enfoque refleja un cambio de paradigma: pasar de depender de una única herramienta a construir programas de control más complejos, donde cada intervención contribuya a reducir el riesgo de podredumbres y pérdidas durante la conservación.

La gestión de la cosecha fue otro de los grandes ejes de la jornada. Clara Isabel Mata, investigadora del Programa Postcosecha del IRTA, presentó resultados de ensayos con Harvista, una herramienta basada en 1-MCP que se aplica en campo para retrasar la maduración y ampliar la ventana de recolección. En manzana, los ensayos mostraron capacidad para alargar la ventana de cosecha en determinadas variedades, mientras que en pera los beneficios se observaron especialmente tras la conservación, con un mejor mantenimiento de la firmeza y del color verde en Conference.
La ponencia subrayó que este tipo de soluciones puede ayudar a ordenar la entrada de fruta en central, reducir la presión de los picos de campaña y mejorar la gestión de la mano de obra. No obstante, también se señaló que su eficacia depende de la variedad, el momento de aplicación y la estrategia global de cosecha.
En la misma línea, Elena Costa, directora del Servicio Técnico Postcosecha del IRTA, abordó los retos de conservación que plantean las nuevas variedades de manzana y pera. Muchas de ellas llegan al mercado con mayor firmeza, mejor coloración y alto valor comercial, pero no siempre pueden conservarse con los mismos criterios que las variedades tradicionales.
Costa apuntó:
"Con estas nuevas variedades estamos empezando a hacer cámaras comerciales y estamos aprendiendo. Aplicamos criterios lógicos, pero todavía hay comportamientos que se tienen que conocer mejor".
En variedades tardías, por ejemplo, se destacó la importancia de evitar bajadas bruscas de temperatura, trabajar con descensos graduales, controlar mejor el CO2 y prestar atención a fisiopatías como el soft scald, la lenticelosis, la cerosidad o los pardeamientos internos. El mensaje fue claro: las nuevas variedades ofrecen oportunidades, pero también obligan a ajustar protocolos y aprender de su comportamiento en condiciones comerciales.
La jornada también dedicó espacio a la presión normativa y comercial. Adolfo Marín, de Reactiva, explicó el cálculo de la ARfD y las dudas que genera en el sector. Su intervención sirvió para diferenciar este parámetro de los LMR y mostrar por qué un mismo residuo puede tener implicaciones distintas según la materia activa, la fruta y los datos de consumo utilizados en el modelo europeo.
Por su parte, Manel Simón, director general de Afrucat, analizó el posible impacto del acuerdo Mercosur-Unión Europea y de otros acuerdos con terceros países. Su intervención apuntó que, a corto plazo, el impacto sobre fruta de pepita y fruta de hueso puede ser limitado, pero advirtió de posibles riesgos a medio y largo plazo si no existe igualdad en las condiciones productivas, fitosanitarias, ambientales y sociales entre las distintas zonas de producción.
En este bloque quedó patente que la competitividad de la poscosecha no depende únicamente de la tecnología de conservación, sino también del marco regulatorio, los protocolos de exportación, la disponibilidad de herramientas de defensa vegetal y la capacidad del sector para defender el valor de la producción europea.
Manel Simón, director general de Afrucat, durante su intervención sobre nuevos mercados y acuerdos con terceros países
La calidad de la fruta también se abordó desde la nutrición. Francisco Montes, Biologicals Specialist de Yara, propuso una relectura del papel del calcio en la firmeza, la integridad celular y la vida poscosecha. Su intervención puso el acento en que no basta con hablar de cantidad total de calcio, sino que es necesario considerar su disponibilidad, distribución en el fruto, interacción con otros nutrientes y capacidad real de asimilación.
En un contexto de estrés climático y nuevas exigencias comerciales, la nutrición se presentó como una herramienta clave para reforzar la resiliencia de la fruta desde el campo y reducir problemas posteriores durante la conservación.
La parte final de la jornada estuvo dedicada a la digitalización y la inteligencia artificial. Tomás Alvarado, de Hectre, presentó soluciones para automatizar los escandallos mediante cámaras e IA, con el objetivo de obtener información más representativa sobre calibre y color, reducir subjetividad y mejorar la toma de decisiones en compra, confección y venta.
Posteriormente, una mesa redonda con Xavier Domingo, Jordi Gené y Sergi Santos abordó el papel real de la inteligencia artificial en el sector. El debate dejó una idea clara: muchas centrales ya generan datos, pero el reto está en limpiarlos, conectarlos y utilizarlos para decidir mejor. La IA se presentó como una herramienta para apoyar a técnicos, gerentes y operarios, no como una solución automática desligada del conocimiento del sector.
Durante la mesa redonda, Sergi Santos añadió:
"Muchas centrales ya tienen datos, pero no siempre están conectados ni se están utilizando para una estrategia de eficiencia".
Los participantes coincidieron en que la digitalización debe responder a objetivos concretos de negocio y no limitarse a acumular información. En este sentido, se habló de la necesidad de integrar datos de campo, central, calidad, costes, clientes y mercados para pasar de una gestión basada en información pasada a una toma de decisiones más ágil y predictiva.
La jornada concluyó con una sesión demostrativa de equipos en el IRTA Fruitcentre. El programa incluyó soluciones digitales para la gestión de certificaciones GLOBAL G.A.P., sistemas de preenfriamiento con agua para productos hortícolas, tecnologías de reutilización de agua de fruta con vertido cero y nuevas propuestas de desinfección en cámaras frutícolas.
Con esta combinación de ponencias técnicas, análisis de mercado, debate y demostraciones prácticas, la XXIV Jornada Técnica de Postcosecha del IRTA volvió a funcionar como punto de encuentro entre investigación, empresa y sector productor. La edición de este año dejó una conclusión clara: en el nuevo escenario poscosecha, mantener la calidad y la competitividad exigirá integrar más conocimiento, más precisión y más capacidad de adaptación en cada decisión.
Pie de imagen: Neus Teixidó, directora del Programa Postcosecha del IRTA, durante la presentación de la XXIV Jornada Técnica de Postcosecha.