La conservación de las hortalizas destinadas a la exportación comienza mucho antes de su envasado. El diseño de la línea de procesamiento influye en la frescura con la que los productos llegan al mercado, las pérdidas por deterioro y el cumplimiento de los requisitos de calidad de los distribuidores internacionales. Así lo destaca Wyma Solutions en una guía sobre el diseño de equipos y procesos poscosecha.
La empresa señala que las hortalizas siguen respirando después de la cosecha, pierden humedad y son susceptibles al deterioro microbiano. Por ello, una línea eficaz debe minimizar los daños mecánicos, mantener una higiene adecuada y reducir rápidamente el calor acumulado en el campo. Estos factores deben gestionarse de forma coordinada, especialmente cuando los productos deben soportar largos periodos de transporte y almacenamiento en frío.
Los golpes, las caídas desde demasiada altura y las velocidades de alimentación inadecuadas pueden provocar magulladuras desde las primeras fases del proceso. Para reducir estos riesgos, Wyma propone sistemas de recepción adaptados a cada cultivo, junto con equipos que separan piedras y terrones y facilitan la eliminación de tierra antes del lavado principal.
La limpieza debe equilibrar la eliminación de residuos con la protección de la superficie de las hortalizas. Los sistemas de lavado y los equipos combinados permiten integrar distintas operaciones y reducir los puntos de transferencia entre máquinas, donde también pueden producirse daños.
El pulido contribuye a conseguir un acabado uniforme y a retirar los restos de tierra de la superficie. Entre las soluciones de la compañía se encuentra el Vege-Polisher™, diseñado para adaptar la intensidad del tratamiento a las características del cultivo. Para instalaciones de gran capacidad, el sistema Mega-Polisher conecta dos unidades para aumentar el rendimiento.
Los requisitos comerciales de los mercados internacionales pueden exigir tolerancias de tamaño más estrictas y un control de calidad constante. Wyma destaca los sistemas de calibrado por rodillos y la clasificación óptica para separar los productos según sus dimensiones, apariencia y posibles defectos antes del envasado.
El secado también resulta importante, ya que la humedad superficial puede favorecer el desarrollo de microorganismos durante el almacenamiento y el transporte. Los rodillos absorbentes de la empresa eliminan parte de esa humedad antes del envasado, una operación especialmente relevante cuando se utilizan envases sellados o atmósferas modificadas.
La compañía identifica el enfriamiento rápido tras la cosecha como una de las medidas más importantes para prolongar la vida útil. Sus sistemas Hydro-Cooler utilizan agua fría para reducir la temperatura interna de los productos y pueden configurarse según el cultivo y la capacidad de la instalación. La elección del método y del tiempo de enfriamiento debe adaptarse a las características de cada hortaliza.
Wyma ofrece soluciones completas que conectan las distintas etapas, desde la recepción y el lavado hasta la clasificación, el enfriamiento y el envasado. La integración permite coordinar velocidades, reducir manipulaciones innecesarias y optimizar cada operación teniendo en cuenta su efecto sobre las siguientes fases del proceso.
La planificación también debe contemplar posibles ampliaciones, cambios en los requisitos de los clientes y nuevas exigencias normativas. Según la compañía, los equipos modulares pueden facilitar futuras mejoras de capacidad o la incorporación de tecnologías adicionales sin tener que reconstruir toda la instalación.
Con más de 60 años de experiencia en ingeniería poscosecha, Wyma diseña líneas adaptadas a los productos, los volúmenes de producción y los destinos comerciales de cada cliente. El objetivo es preservar la calidad de las hortalizas a lo largo de todo el proceso y mejorar la proporción de producto que llega en condiciones adecuadas al mercado de exportación.
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