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Nuevas técnicas genómicas y poscosecha, una relación clave para reducir pérdidas

La nueva normativa europea diferencia entre plantas equivalentes a las obtenidas por mejora convencional y modificaciones más complejas, abriendo nuevas posibilidades para desarrollar variedades más resistentes, estables y adaptadas a las exigencias de la cadena hortofrutícola

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23 Junio, 2026
Nuevas Técnicas Genómicas

El Parlamento Europeo ha aprobado nuevas normas para facilitar el acceso a variedades vegetales obtenidas mediante nuevas técnicas genómicas, con el objetivo de impulsar cultivos más resistentes al clima y a las plagas, con mayores rendimientos y menor necesidad de pesticidas. La regulación entrará en vigor 20 días después de su publicación en el Diario Oficial de la UE y comenzará a aplicarse dos años después.

Aunque el debate se ha centrado en el campo y en la producción agrícola, sus efectos también pueden ser relevantes para la poscosecha. La obtención de variedades con mayor tolerancia al estrés, menor sensibilidad a enfermedades, maduración más controlada o mejor comportamiento durante el almacenamiento podría convertirse en una herramienta adicional para reducir pérdidas y mejorar la vida comercial de frutas y hortalizas. No obstante, estos posibles efectos deberán evaluarse caso por caso, ya que dependerán del cultivo, la variedad y el rasgo concreto desarrollado.

 

Qué son las nuevas técnicas genómicas

Las nuevas técnicas genómicas, conocidas como NTG, son herramientas de mejora vegetal que permiten modificar el material genético de una planta de forma más precisa que los métodos tradicionales. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, estas técnicas pueden utilizarse para diseñar nuevos rasgos de interés o reforzar características ya presentes en un organismo, por ejemplo, mediante la adición, eliminación o reorganización de fragmentos de ADN.

Dentro de estas técnicas se incluyen métodos como la mutagénesis dirigida, que induce cambios específicos en zonas concretas del genoma sin introducir material genético nuevo, y la cisgénesis, que utiliza secuencias procedentes de la misma especie o de una especie estrechamente relacionada. Esto las diferencia de la transgénesis clásica, en la que puede introducirse material genético procedente de especies no emparentadas.

La nueva legislación europea introduce un cambio importante: las plantas obtenidas mediante NTG se regularán en función de su composición genética final y no únicamente por la técnica empleada para obtenerlas. Es decir, el marco normativo distinguirá entre modificaciones que podrían haberse producido también por mejora convencional y aquellas más extensas o complejas.

 

Dos categorías con obligaciones diferentes

El nuevo marco divide las plantas NTG en dos categorías. Las NTG de categoría 1 corresponden a plantas con un número limitado de modificaciones que también podrían haberse producido mediante mejora vegetal convencional. Una vez verificado que cumplen los criterios establecidos, se tratarán de forma similar a las plantas convencionales. Sin embargo, las bolsas de semillas y el material de reproducción deberán etiquetarse como “NTG de categoría 1”, y las variedades se incluirán en una base de datos pública de la UE.

Las NTG de categoría 2 incluyen plantas con modificaciones genéticas más extensas o complejas. En este caso, seguirán sujetas a la normativa vigente sobre organismos modificados genéticamente, con evaluación de riesgos, autorización, trazabilidad y etiquetado antes de su comercialización en la Unión Europea.

La norma también introduce exclusiones relevantes. Las plantas diseñadas para tolerar herbicidas o producir sustancias insecticidas no podrán considerarse NTG de categoría 1. Además, no se permitirá el uso de NTG en producción ecológica, aunque la presencia técnicamente inevitable de plantas NTG de categoría 1 no constituiría un incumplimiento de la normativa ecológica.

 

Por qué pueden importar en poscosecha

En frutas y hortalizas, la calidad final no depende solo del manejo tras la cosecha. La variedad marca desde el inicio aspectos clave como firmeza, sensibilidad a daños mecánicos, susceptibilidad a podredumbres, respuesta al frío, velocidad de maduración, pérdida de agua, respiración, producción de etileno o estabilidad durante el transporte y la vida en lineal.

Por ello, las nuevas técnicas genómicas podrían tener aplicaciones de interés para la poscosecha si se orientan al desarrollo de variedades con mayor resistencia al estrés, mejor comportamiento frente a enfermedades o una maduración más uniforme. En términos prácticos, esto podría ayudar a reducir pérdidas, mejorar la planificación logística y ampliar la vida comercial de determinados productos.

Uno de los posibles campos de trabajo es la resistencia a enfermedades. La UE señala que estas técnicas pueden contribuir al desarrollo de variedades más resistentes a plagas y condiciones climáticas adversas, lo que puede tener consecuencias tanto en campo como en la fase posterior a la recolección. Una fruta menos debilitada antes de la cosecha o con menor susceptibilidad a ciertos patógenos puede llegar en mejores condiciones a la central hortofrutícola, siempre que el manejo agronómico y poscosecha sea adecuado.

Otro ámbito relevante es la tolerancia al estrés climático. Sequías, golpes de calor, lluvias irregulares o cambios bruscos de temperatura pueden afectar a la fisiología del fruto y condicionar su comportamiento posterior en cámara, transporte o comercialización. Variedades mejor adaptadas a estas condiciones podrían aportar más regularidad a la cadena, especialmente en campañas marcadas por una mayor variabilidad climática.

También puede abrirse una línea de interés en torno a la calidad interna y la vida útil. Rasgos relacionados con textura, firmeza, sensibilidad a pardeamientos, pérdida de peso, ritmo de maduración o respuesta al frío son determinantes para mantener la calidad comercial. Si las NTG se aplican a estos objetivos, podrían complementar las tecnologías poscosecha ya existentes, como atmósferas controladas, frío, recubrimientos, envases, control de etileno o tratamientos frente a podredumbres.

 

Menos dependencia de tratamientos, pero no sustitución del manejo poscosecha

Uno de los argumentos de la nueva normativa es que estas herramientas pueden contribuir a obtener cultivos que requieran menos pesticidas. En poscosecha, esto resulta especialmente relevante porque el sector trabaja bajo límites máximos de residuos cada vez más ajustados, exigencias comerciales estrictas y una presión creciente para reducir materias activas disponibles.

Sin embargo, las NTG no sustituyen al manejo poscosecha. Una variedad más resistente puede reducir riesgos, pero no elimina la necesidad de buenas prácticas de recolección, higiene, selección, enfriamiento, control de humedad, gestión de atmósferas, prevención de daños mecánicos y mantenimiento de la cadena de frío.

La oportunidad está en combinar genética, tecnología y manejo. En un contexto de mayores exigencias de calidad, menor tolerancia a pérdidas y más presión regulatoria sobre los tratamientos, las variedades mejoradas podrían convertirse en una pieza más dentro de una estrategia poscosecha integrada.

 

Trazabilidad, etiquetado y debate en la cadena

La normativa mantiene diferencias claras entre las dos categorías. Las plantas NTG de categoría 2 seguirán sujetas a trazabilidad y etiquetado completo como OMG, mientras que las variedades NTG de categoría 1 deberán figurar en una base de datos pública y su material reproductivo tendrá que identificarse como tal.

Este punto será importante para productores, viveros, obtentores, comercializadores y cadenas de distribución, ya que la aceptación del mercado puede variar según país, cultivo, canal comercial y perfil del consumidor. En productos frescos, donde la confianza, el origen, la certificación y la diferenciación comercial tienen un peso creciente, la comunicación será tan importante como la innovación varietal.

También seguirá abierto el debate sobre propiedad intelectual. El Parlamento Europeo indica que las NTG podrán patentarse, salvo en el caso de rasgos o secuencias que se produzcan en la naturaleza o por medios biológicos, e introduce medidas para evitar la concentración del mercado y favorecer un acceso equitativo para los agricultores.

 

Una nueva herramienta para reducir pérdidas y ganar estabilidad

La aprobación de este marco regulatorio no cambia de forma inmediata la realidad de las centrales hortofrutícolas, pero sí puede acelerar el desarrollo de nuevas variedades adaptadas a los retos de la producción y la poscosecha. En los próximos años, el interés estará en comprobar qué rasgos llegan al mercado, en qué cultivos se aplican y cómo responden realmente en condiciones comerciales.

Para la poscosecha, el valor de estas tecnologías no estará solo en producir más, sino en producir mejor: frutas y hortalizas más estables, con menor incidencia de daños, mejor conservación y una vida comercial más previsible. La genética puede convertirse así en un aliado adicional para afrontar uno de los grandes desafíos del sector: reducir pérdidas sin comprometer calidad, seguridad ni aceptación del consumidor.

 

Fuente: Parlamento Europeo y Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria

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