Las pérdidas alimentarias poscosecha siguen siendo uno de los grandes retos del sistema agroalimentario. Una revisión publicada en Frontiers in Sustainable Food Systems analiza el papel de la inteligencia artificial y los gemelos digitales en la predicción de la calidad, la gestión dinámica de la vida útil, la optimización de la cadena de frío y la reducción de pérdidas.
El artículo señala que entre el 13 y el 14 % de los alimentos producidos a escala mundial se pierde entre la cosecha y la venta minorista, con un impacto económico cercano a los 400.000 millones de dólares anuales. En productos perecederos, como frutas, hortalizas, lácteos, carne o pescado, estas pérdidas se ven agravadas por los cambios de temperatura y humedad, la manipulación, los daños mecánicos, la contaminación microbiana y las condiciones de envasado.
La revisión destaca que la gestión poscosecha tradicional sigue siendo, en muchos casos, reactiva. La inspección periódica, la evaluación manual de la calidad y las fechas de vida útil fijas no siempre reflejan el historial real de conservación de cada lote.
Frente a este enfoque, la inteligencia artificial permite avanzar hacia sistemas capaces de combinar sensores, datos ambientales y modelos predictivos para anticipar desviaciones de calidad antes de que el deterioro sea irreversible. Tecnologías como el aprendizaje automático, el aprendizaje profundo, la visión artificial, la imagen hiperespectral, la nariz electrónica y la lengua electrónica se aplican ya a la evaluación no destructiva de la calidad, la detección de defectos, la clasificación de frescura y la predicción de vida útil.
El artículo organiza el funcionamiento de estos sistemas en una cadena de trabajo que conecta el producto físico con modelos digitales capaces de apoyar decisiones.
La primera etapa es la adquisición de datos. Sensores de imagen, espectroscopia, nariz electrónica, lengua electrónica, sensores ambientales, etiquetas RFID, códigos QR y datos de trazabilidad permiten recopilar información sobre calidad, temperatura, humedad, gases, manipulación y condiciones logísticas.
La segunda etapa es el tratamiento y modelización de la información. Los datos se limpian, normalizan y combinan para alimentar modelos de inteligencia artificial, como aprendizaje automático, redes neuronales, modelos híbridos o sistemas explicables, capaces de interpretar la evolución del producto.
La tercera etapa es la predicción de calidad y vida útil. A partir de los datos recogidos, estos sistemas pueden estimar frescura, madurez, defectos, riesgo de deterioro, vida útil restante o condiciones óptimas de conservación.
La cuarta etapa es la toma de decisiones y retroalimentación. Los resultados del modelo se transforman en recomendaciones prácticas, como ajustar la temperatura, modificar la atmósfera de conservación, redirigir un lote, rotar inventario o generar alertas tempranas. En los gemelos digitales, esta información vuelve al sistema físico, creando un bucle de mejora y aprendizaje continuo.
Los gemelos digitales son representaciones virtuales de productos, procesos o cadenas de suministro que se actualizan continuamente con datos reales procedentes de sensores. En poscosecha, pueden ayudar a simular la evolución de un lote, prever su vida útil restante y apoyar decisiones como ajustar las condiciones de conservación, redirigir mercancía o actualizar la información de calidad.
El artículo subraya que no todos los sistemas digitales son verdaderos gemelos digitales. Aquellos que solo visualizan datos funcionan más bien como “sombras digitales”. Para hablar de gemelo digital, debe existir una conexión bidireccional entre el sistema físico y el modelo virtual, capaz de convertir los datos en decisiones predictivas, adaptativas y, en algunos casos, autónomas.
Una de las ideas principales de la revisión es que la vida útil puede dejar de entenderse como una fecha fija para convertirse en una variable dinámica, gestionada según las condiciones reales de cada producto o lote.
La integración de inteligencia artificial y gemelos digitales permite estimar la vida útil de forma específica, optimizar inventarios, reducir descartes, mejorar el uso de recursos y disminuir la huella de carbono. Según los autores, este enfoque puede contribuir a una gestión poscosecha más sostenible y resiliente, especialmente en cadenas de suministro cada vez más complejas.
La revisión recoge aplicaciones en frutas, hortalizas, productos lácteos, carne y pescado. Entre los ejemplos citados se incluyen sistemas de clasificación óptica automatizada en centrales de manzana, cítricos y tomate; plataformas de cadena de frío basadas en IoT para productos frescos; gemelos digitales en transporte refrigerado de cítricos; y sistemas de control en almacenamiento en atmósfera controlada para manzana y pera.
Aun así, la adopción a gran escala todavía requiere superar barreras importantes. Entre ellas, la falta de bases de datos estandarizadas, la necesidad de modelos explicables, la interoperabilidad entre infraestructuras digitales, la validación específica por producto y la prueba de estos sistemas en condiciones comerciales reales, más allá del laboratorio.
Los autores concluyen que el grado de madurez tecnológica no debe medirse solo por la precisión de los modelos, sino por su robustez frente a la variabilidad biológica entre cultivares, campañas, condiciones de producción y entornos comerciales. La validación en campo, la cuantificación de la incertidumbre y la transparencia de los modelos serán claves para que estas tecnologías puedan consolidarse en la gestión poscosecha del futuro.
Fuente: Jayavigneshwaran MK and Dishri M (2026) Artificial intelligence and digital twins in postharvest food systems: transforming quality prediction, shelf-life management, and food loss reduction. Frontiers in Sustainable Food Systems 10:1932749. doi: 10.3389/fsufs.2026.1932749.