La presencia de tierra y piedras en las líneas de lavado continúa siendo un reto para las centrales hortofrutícolas. Wyma Solutions advierte de que estos residuos no siempre se deben a un lavado insuficiente, sino también a problemas en las etapas previas, a una alimentación excesiva de los equipos o a una gestión inadecuada del agua.
Uno de los factores que condiciona la limpieza es el tiempo de remojo. Cuando la tierra se encuentra compactada sobre la superficie de los tubérculos, especialmente después de permanecer almacenados o de proceder de suelos arcillosos, resulta más difícil eliminarla durante el lavado mecánico. La empresa destaca el papel de las tolvas de remojo con agitación por aire, que ayudan a ablandar los residuos antes de que el producto entre en las siguientes fases de procesamiento.
Las piedras pueden avanzar por la línea cuando los equipos de separación no están bien dimensionados, configurados o colocados. Wyma recomienda retirarlas antes del lavado para reducir el riesgo de daños en los productos y en la maquinaria posterior.
La forma de las piedras también influye en la eficacia de la separación. Las piezas planas o irregulares pueden necesitar más tiempo para sedimentar en los sistemas basados en agua. En estos casos, la empresa señala que las despedregadoras tipo Cyclone permiten prolongar el tiempo de sedimentación y favorecer la retirada de estos materiales.
La sobrecarga de las lavadoras y las tolvas reduce el tiempo de contacto entre las hortalizas, el agua y las superficies de limpieza. Como consecuencia, parte de la suciedad puede pasar a las etapas siguientes. Para evitarlo, Wyma destaca la importancia de regular el flujo de producto y mantener una alimentación constante.
La compañía cita su tolva Evenflow, que utiliza una cinta transportadora controlada por sensores para estabilizar el caudal de salida. Esta regulación permite adaptar la alimentación a la capacidad de los equipos y facilita que cada lote reciba un tiempo adecuado de remojo y lavado.
El agua recirculada sin una filtración suficiente puede volver a depositar sólidos en la superficie de las hortalizas, en lugar de eliminarlos. Por ello, el tratamiento del agua debe ajustarse al volumen utilizado y a la cantidad de residuos que genera el proceso.
Wyma defiende un diseño integrado en el que las distintas máquinas funcionen de forma coordinada, desde la recepción y el remojo hasta el lavado, el pulido y el envasado. Según la empresa, abordar las causas del problema en las primeras etapas ayuda a conseguir una limpieza más homogénea y a reducir el desgaste provocado por las piedras.
La compañía concluye que mejorar el resultado no consiste necesariamente en intensificar la acción mecánica, sino en distribuir correctamente cada función entre los equipos, controlar el caudal y asegurar una gestión adecuada del agua y de los residuos.