Una protección comestible de origen vegetal, aplicada directamente sobre el producto, se está probando como alternativa al uso de envases plásticos en pepino, uno de los cultivos tradicionalmente comercializados con film. La iniciativa se concreta en un piloto comercial en retail, que marca el paso de esta solución desde el desarrollo tecnológico a su validación en condiciones reales de mercado.
El proyecto está impulsado por la empresa sueca Saveggy, que ha desarrollado un recubrimiento comestible formulado a partir de dos ingredientes de origen vegetal, aceite de colza y aceite de avena, sin aditivos. La protección se aplica tras la cosecha y actúa como una barrera superficial, permitiendo prescindir del film plástico sin interferir en la comercialización del producto fresco.
El piloto, con una duración inicial de un mes, se centra en pepino y se desarrolla en colaboración con una cadena de distribución y una organización de productores en Suecia. La prueba supone un paso relevante en la evolución de la tecnología, al tratarse de una aplicación a escala comercial, con maquinaria industrial ya instalada en instalaciones de producción.
Desde la compañía señalan que el pepino ha sido elegido como primer caso de uso por su elevada dependencia histórica del envasado plástico. No obstante, la solución se ha concebido con un enfoque ampliable a otras frutas y hortalizas frescas, actualmente en fase de desarrollo y evaluación.
El ensayo se produce en un momento de creciente presión regulatoria en la Unión Europea sobre el uso de plásticos de un solo uso en frutas y hortalizas frescas, en el marco de la revisión de la normativa de envases y residuos de envases. En este escenario, las soluciones de protección poscosecha sin plástico ganan interés tanto para productores como para operadores y distribución.
Según datos aportados por la propia empresa, el uso de film plástico en pepino representa varios miles de toneladas de plástico al año en la UE. En este contexto, la aplicación de recubrimientos comestibles se plantea como una vía para reducir el material de envasado, manteniendo la protección del producto durante su vida comercial y contribuyendo, potencialmente, a la reducción del desperdicio alimentario.
Con este primer piloto en retail, la tecnología entra en una fase de validación en condiciones reales de comercialización, que permitirá evaluar su comportamiento operativo y su encaje en los flujos poscosecha habituales.
El resultado de estas pruebas será clave para determinar su posible extensión a otros productos frescos, así como su viabilidad en diferentes contextos de producción, envasado y distribución, en un escenario marcado por la búsqueda de alternativas al uso de envases plásticos.