Las relaciones comerciales entre países evolucionan constantemente y sus ajustes tienen efectos directos en las cadenas productivas. En ese contexto, la reciente restitución de las condiciones arancelarias preferenciales para determinados productos chilenos en el mercado estadounidense no solo corrige un impacto económico puntual, sino que también vuelve a poner en valor la importancia de contar con acuerdos comerciales estables en un escenario global cada vez más exigente.
Para la agroexportación chilena, operar en uno de los mercados más demandantes del mundo bajo reglas claras es un factor clave. La recuperación del arancel cero permite que naranjas, paltas, kiwis y carne bovina vuelvan a ingresar a Estados Unidos sin el recargo adicional de 10% aplicado de manera temporal, restableciendo condiciones que influyen directamente en la planificación, la continuidad de las inversiones y la sostenibilidad de procesos que se construyen a lo largo de varias temporadas.
En la práctica, la restitución de estas condiciones tiene un efecto inmediato sobre la estructura de costos de los exportadores chilenos que abastecen al mercado estadounidense, uno de los principales destinos de la oferta agroalimentaria nacional. Se trata de un mercado que combina altos volúmenes con exigencias estrictas en calidad, continuidad de suministro y cumplimiento normativo, por lo que cualquier variación arancelaria incide directamente en decisiones comerciales y logísticas durante la temporada.
El impacto es especialmente relevante en el caso de las frutas frescas, que deben enfrentar largos tiempos de tránsito y una competencia intensa de otros orígenes. Para productos como paltas y kiwis, donde los márgenes son sensibles a variaciones de costo, la eliminación del recargo permite recuperar competitividad y entregar mayor previsibilidad en la planificación de los envíos hacia destino.
Este escenario también refuerza el rol de los distintos eslabones que sostienen la exportación de alimentos frescos. La logística, la tecnología, la postcosecha y los envases adquieren un carácter estratégico cuando los destinos son lejanos y altamente exigentes, ya que de su desempeño depende la mantención de la calidad, la inocuidad y la presentación del producto hasta su llegada al mercado final.
Desde esa mirada, Mauricio Riquelme, CEO de Paclife, ha querido destacar que estos ajustes comerciales tienen un alcance que muchas veces no se percibe a primera vista.
Riquelme declaró:
“Cuando se restablecen condiciones que permiten competir en igualdad, no solo se alivian los costos. Se fortalece la confianza para seguir invirtiendo en procesos, en innovación y en capital humano. La exportación de alimentos es un trabajo de largo aliento y requiere estabilidad para que toda la cadena pueda responder con eficiencia y responsabilidad.”
La experiencia reciente refuerza la necesidad de avanzar en una estrategia que combine diversificación de mercados con el resguardo de relaciones comerciales ya consolidadas. Estados Unidos ha sido históricamente un destino relevante para la agroexportación chilena, tanto por volumen como por su capacidad de absorber productos con altos estándares y valor agregado. Mantener un acceso estable y bajo reglas claras es un factor clave para sostener la competitividad y el posicionamiento del país en el comercio internacional.
Desde una perspectiva operativa y estratégica, la competitividad de la industria no depende únicamente de las condiciones arancelarias, sino de su capacidad de adaptarse a entornos cambiantes. La incorporación de tecnologías que extienden la vida útil, soluciones logísticas más eficientes y procesos que resguardan la calidad en destino forman hoy parte central de una visión exportadora de largo plazo, donde cada decisión técnica y comercial impacta directamente en la sostenibilidad de toda la cadena.