El impacto de fenómenos climáticos como El Niño está obligando a la cadena hortofrutícola peruana a reforzar sus estrategias de adaptación. Las altas temperaturas, las lluvias fuera de temporada y los cambios en los ciclos productivos afectan a cultivos clave para la exportación, como arándano, uva de mesa, mango y palta, y aumentan la dificultad de mantener la condición esperada de la fruta hasta destino.
En este escenario, el envase adquiere un papel cada vez más relevante dentro de la estrategia poscosecha. Más allá de su función logística, el embalaje puede contribuir a proteger la fruta frente a variaciones de humedad y temperatura, mantener la estabilidad estructural durante el almacenamiento y el transporte, y reducir riesgos en cadenas de exportación sometidas a condiciones más variables.
La conversación en el sector hortofrutícola ya no se centra únicamente en producir más, sino también en cómo proteger mejor la fruta a lo largo de toda la cadena. En campañas marcadas por mayor variabilidad climática, cada etapa posterior a la cosecha puede influir en el resultado final: selección, enfriamiento, embalaje, almacenamiento, transporte y llegada a destino.
En este contexto, Paclife señala que el diseño del envase, la calidad de los materiales y la capacidad de gestionar la humedad y el intercambio de aire pueden marcar diferencias relevantes en la condición de la fruta. Un envase adecuado no evita una temporada compleja, pero sí puede ayudar a preservar la calidad, reducir riesgos y aportar mayor seguridad a productores y exportadores.
Paclife ha incorporado este desafío al desarrollo de distintas soluciones diseñadas para acompañar a la fruta en escenarios cada vez más variables. Entre ellas se encuentran soluciones de embalaje y materiales especializados, como Flowpack Paclife, una tecnología de film para fruta fresca utilizada en arándanos, orientada a aportar protección física y estabilidad durante procesos de almacenamiento y exportación.
A ello se suman bandejas y formatos ventilados desarrollados para optimizar el intercambio de aire y la gestión de la humedad, así como soluciones estructurales capaces de mantener su desempeño frente a mayores exigencias logísticas.
Estos elementos cobran especial importancia en frutas sensibles, donde la pérdida de firmeza, la deshidratación, la condensación, los daños mecánicos o los problemas de arribo pueden afectar directamente al valor comercial del producto.
Patricio Rebolledo, gerente general de Paclife Perú, indica:
"El tipo de envase no da lo mismo. La calidad del polímero, los aditivos y la planimetría son esenciales para dormir tranquilo. Uno o dos contenedores con mal arribo pueden provocar pérdidas económicas y comerciales inmensas. La última milla del proceso marcará, en forma importante, el resultado final".
La temporada de arándanos ya se ha iniciado y, aunque los desafíos climáticos siguen presentes, la industria peruana ha desarrollado capacidades para enfrentarlos.
Rebolledo reflexiona:
"Sabemos los desafíos que se nos avecinan, pero la industria peruana ya está madura para afrontar los problemas típicos de esta hermosa actividad que es producir y exportar".
La adaptación al clima no depende de una única solución. Requiere decisiones coordinadas en campo, cosecha, central, embalaje, frío, transporte y comercialización. En ese recorrido, el envase se consolida como una pieza más dentro de la estrategia poscosecha para mantener la calidad de la fruta, reducir incidencias y responder a mercados cada vez más exigentes.