Durante años, el envase fue considerado principalmente un componente operativo asociado al embalaje y transporte. Sin embargo, los desafíos actuales de la exportación han demostrado que también cumple una función clave en la gestión de calidad, ayudando a mantener condiciones adecuadas de humedad, intercambio gaseoso y estabilidad durante el almacenamiento, tránsito y comercialización.
La fruta continúa respirando y reaccionando desde la cosecha hasta su comercialización. Por ello, variables como la pérdida de humedad, la deshidratación, la disminución de firmeza, la presencia de condensación libre o los desequilibrios atmosféricos pueden desarrollarse progresivamente durante el almacenamiento y transporte. En este proceso, el ambiente que genera el envase alrededor de la fruta puede marcar diferencias significativas en la conservación de su condición.
Un envase que no se ajusta a los requerimientos fisiológicos del fruto o que no logra mantener estabilidad frente a variaciones térmicas puede comprometer seriamente su condición final. En mercados donde la apariencia, hidratación y firmeza son determinantes para la comercialización, estas diferencias pueden traducirse en una menor aceptación y una reducción del valor comercial.
Marcela Silva, Gerente Técnico de poscosecha de Paclife:
“Mantener la condición de la fruta hasta el destino es uno de los grandes desafíos de la poscosecha. En ese proceso, cada herramienta utilizada puede influir en variables clave como la hidratación, firmeza y apariencia del producto”
Según Silva, la fruta enfrenta hoy cadenas logísticas cada vez más variables, con mayores tiempos de tránsito, cambios de temperatura y distintos escenarios de comercialización.
En especies sensibles como cerezas, arándanos o uva de mesa, pequeñas diferencias en la condición pueden generar impactos importantes en la percepción de calidad y en el resultado final del programa exportador.
Un pedicelo deshidratado, pérdida de bloom, signos visibles de deshidratación o menor firmeza afectan directamente la aceptación del producto en destino. Si bien estos problemas suelen atribuirse al tránsito, también están relacionados con la capacidad del envase para generar un ambiente adecuado alrededor de la fruta durante el almacenamiento y transporte. En este escenario, tecnologías con permeabilidades ajustadas, manejo eficiente de humedad y control de condensación están adquiriendo un rol cada vez más relevante dentro de las estrategias de poscosecha.
Gonzalo Quitral, Encargado de I+D de Paclife, señala:
“Hoy el desafío no es solamente trasladar la fruta. También es mantener su condición durante trayectos cada vez más extensos y exigentes. El envase debe actuar como una herramienta de calidad, capaz de generar un ambiente que ayude a reducir el estrés fisiológico y proteger los atributos que el mercado valora”
Estas tecnologías permiten generar microambientes más estables alrededor de la fruta, contribuyendo a reducir pérdidas de humedad y mantener atributos de calidad durante programas de exportación cada vez más prolongados.
En un escenario donde los mercados exigen cada vez mayor condición a la llegada y los tiempos de tránsito continúan aumentando, la poscosecha ya no puede depender únicamente del manejo realizado en el huerto o en el packing. La evidencia técnica demuestra que variables como la humedad, el intercambio gaseoso y la estabilidad del ambiente que rodea a la fruta influyen directamente en su conservación.
Por ello, el envase se ha convertido en una herramienta estratégica dentro de la poscosecha moderna, con capacidad de impactar la calidad, condición y potencial comercial del producto en destino.