Los episodios de precipitación y viento de las últimas semanas elevan la entrada de fruta húmeda y más vulnerable, y ese cambio aumenta el riesgo de Botrytis cinerea desde la recepción. Cuando la recolección se interrumpe y se reanuda a golpes, la central recibe lotes con mayor variabilidad de temperatura de pulpa, más microheridas y más agua libre, que son tres detonantes directos de podredumbre gris durante conservación y transporte. La buena noticia es que la evidencia científica identifica medidas de proceso disponibles en la Unión Europea que reducen incidencia, y permiten sostener firmeza y vida útil sin recurrir a tratamientos químicos poscosecha no verificados. (Nunes et al., 2005)
Los avisos oficiales de la Agencia Estatal de Meteorología permiten cuantificar por comarcas cuándo se superan umbrales de lluvia y rachas de viento que complican la cosecha y dañan estructuras de cubierta.
En poscosecha, el efecto más repetido no es solo la merma de campo, sino el aumento de tiempo real desde corte hasta preenfriamiento, porque las entradas se concentran y la central procesa con menos margen. En ese escenario, la prioridad técnica pasa a ser mantener la fruta el menor tiempo posible en espera templada, y convertir la recepción en un punto de decisión rápida basado en temperatura de pulpa y estado sanitario.
El ensayo de Nunes y colaboradores comparó enfriamiento inmediato frente a retraso del inicio de enfriamiento, con fruta inoculada y no inoculada, midiendo incidencia y severidad de Botrytis y Rhizopus tras conservación y una fase de simulación de mercado. (Nunes et al., 2005)
En el diseño experimental, la fruta se mantuvo a 35 grados Celsius durante una o seis horas antes de enfriar, y luego se aplicó enfriamiento por aire forzado hasta 5 grados Celsius en una hora, con almacenamiento a 2 grados Celsius durante siete días y un día a 20 grados Celsius. En fruta no inoculada, el enfriamiento inmediato redujo la incidencia media de podredumbre alrededor de un veinticinco por ciento y la severidad alrededor de un veinticuatro por ciento, frente a un retraso de seis horas antes de iniciar el enfriamiento. (Nunes et al., 2005)
En fruta inoculada, el beneficio específico frente a Botrytis fue menor pero consistente, con reducción aproximada del cinco por ciento en incidencia y del veintidós por ciento en severidad, y el propio trabajo subraya que el control térmico temprano es necesario pero no siempre suficiente cuando la presión de infección es alta.
El trabajo de Agar, Streif y Bangerth evaluó fresa y mora bajo atmósferas con dióxido de carbono alto y con oxígeno bajo, siguiendo la evolución de ácido ascórbico, dehidroascórbico y vitamina C total durante almacenamiento. Su resultado clave es que el dióxido de carbono alto aceleró la degradación del ácido ascórbico hacia dehidroascórbico y productos posteriores, mientras que las atmósferas con oxígeno bajo redujeron la degradación global de vitamina C, lo que obliga a diseñar atmósferas que controlen patógenos sin penalizar atributos sensibles. (Agar et al., 1995)
La implicación práctica para fresa es clara, porque el dióxido de carbono puede ayudar a reducir deterioro y frenar Botrytis, pero el rango útil depende de variedad, estado de madurez y duración logística, y debe validarse para no abrir la puerta a defectos de calidad. (Agar et al., 1995)
Para evitar una cadena de citas demasiado reciente, la referencia base más utilizada para fresa es el trabajo de Baka y colaboradores, que aplicó ultravioleta C como tratamiento fotónico y midió control de podredumbre por Botrytis a distintas temperaturas de almacenamiento.(Baka et al., 1999)
Ese estudio reportó control de la podredumbre causada por Botrytis en ambas temperaturas ensayadas y una extensión de vida útil de varios días, lo que respalda su uso como intervención física siempre que se controle dosis, uniformidad y compatibilidad con calidad comercial.(Baka et al., 1999)
Nadas, Olmo y García evaluaron almacenamiento en frío con atmósferas enriquecidas con ozono en fruta naturalmente infectada de la variedad Camarosa, midiendo incidencia de podredumbre, pérdida de peso y ablandamiento. El artículo describe reducción de incidencia de podredumbre, menor pérdida de peso y menor ablandamiento, pero también informa de una pérdida sensorial reversible bajo determinadas condiciones, lo que obliga a controlar concentración, tiempo de exposición y seguridad ocupacional.(Nadas et al., 2003)
En centrales, el ozono se interpreta mejor como herramienta de higiene del aire de cámara y de reducción de carga ambiental, y no como sustituto de selección sanitaria y cadena de frío estable.(Nadas et al., 2003)
En recepción, la decisión rápida debe basarse en temperatura de pulpa y humedad superficial, separando lotes mojados y priorizando su entrada a preenfriamiento para recortar la ventana de crecimiento del hongo. En selección, conviene endurecer el descarte de fruta con heridas por viento, rozaduras de cáliz y unidades con exudado, porque esas pocas unidades suelen iniciar el foco que después progresa dentro del envase. En preenfriamiento, el criterio de final debe ser temperatura de pulpa homogénea en el palé, porque los centros calientes actúan como incubadoras y disparan condensación interna cuando el lote entra en cámara.
En cámara, la humedad relativa debe sostenerse alta para limitar deshidratación, pero el punto crítico es evitar agua libre, por lo que el control de punto de rocío y la disciplina en aperturas reducen de forma directa el riesgo de Botrytis. En expedición, el objetivo técnico es minimizar saltos térmicos y tiempos en muelle, porque la oscilación de temperatura condensa humedad dentro del envase y acelera la colonización del hongo en pocas horas. Como cierre operativo, conviene revisar semanalmente reclamaciones por podredumbre vinculándolas a un registro simple de temperatura de pulpa a la llegada, tiempo hasta preenfriamiento y evidencias de condensación, porque ese triángulo explica la mayoría de fallos tras episodios de lluvia.