Las zonas productoras de fruta de hueso en España han experimentado brotes severos de podredumbre ácida, una enfermedad que no había sido reportada antes de 2016. El principal microorganismo causante es Geotrichum candidum. Los síntomas incluyen lesiones blandas características de tejido digerido, acompañadas de una capa blanca de crecimiento micelial y un olor agrio distintivo. Actualmente, no existen tratamientos efectivos autorizados para su control en fruta de hueso.
En este estudio se documentó la incidencia de frutos afectados por G. candidum en condiciones comerciales y su proporción en comparación con otros patógenos poscosecha. Los resultados confirmaron a Monilinia spp. como el principal patógeno, seguido por Rhizopus spp. Sin embargo, G. candidum fue detectado como un agente causal relevante en todas las centrales de empaque muestreadas.
Se identificaron fuentes de inóculo de G. candidum en las instalaciones de las centrales, aunque no se detectaron conidios en las muestras de aire. En simulaciones de riesgo, las muestras de agua infectaron entre el 7% y el 21% de las ciruelas 'Angeleno' y hasta el 5% de los melocotones 'Tardibelle'. En las líneas de manipulación, se observó un 21% de infección en melocotones sanos tras el contacto con superficies contaminadas.
En el campo, todas las muestras evaluadas presentaron inóculo de G. candidum, incluyendo suelo, hojas y frutos. Esta información sugiere que el origen de la enfermedad está en el campo, aunque las principales pérdidas ocurren después de la cosecha.
Este estudio proporciona evidencia de que G. candidum es un agente causal de enfermedades en el Valle del Ebro y ofrece conocimientos epidemiológicos esenciales para entender el comportamiento de la podredumbre ácida, lo cual será fundamental para desarrollar estrategias de control sostenibles.
España produce una cuarta parte de los 3,4 millones de toneladas de melocotones y nectarinas de Europa, concentrando el Valle del Ebro casi el 59% de la producción nacional. Las pérdidas poscosecha en esta zona se deben principalmente a enfermedades, siendo la podredumbre parda causada por Monilinia spp. la más significativa.
Tradicionalmente, el control se centra en este hongo mediante fungicidas en campo y, en algunos casos, tratamientos poscosecha autorizados. Además de Monilinia, otros patógenos secundarios comunes incluyen Rhizopus spp., Botrytis spp. y Penicillium spp.
En los últimos 5 o 6 años, el escenario de las enfermedades poscosecha en España ha cambiado.
La incidencia de Geotrichum candidum, responsable de la podredumbre ácida, ha aumentado notablemente, especialmente en el Valle del Ebro y Extremadura. Bajo condiciones específicas, sus pérdidas pueden superar incluso a las de Monilinia spp.
Este cambio se asocia al aumento de las temperaturas globales y la humedad relativa, factores clave para la infección. G. candidum tiene una temperatura óptima de desarrollo cercana a los 30 ºC, superior a la de Monilinia. El patógeno utiliza enzimas pectinolíticas para degradar los tejidos del fruto durante la clasificación y distribución.
Existe poca información sobre productos efectivos para controlar G. candidum en poscosecha. Fungicidas como el fludioxonil, ampliamente utilizados en España para fruta de hueso, no son efectivos contra la podredumbre ácida.
El control depende actualmente de un enfoque holístico que incluye prácticas óptimas de cosecha, desinfección rigurosa de las instalaciones y el mantenimiento de condiciones adecuadas durante el transporte. El riesgo de infección está directamente relacionado con la carga de conidios en la superficie del fruto y las condiciones ambientales.
El inóculo presente en la superficie de los frutos cosechados puede propagarse rápidamente en las centrales de empaque. Estudios previos no habían detectado G. candidum en estas instalaciones, pero el brote actual obliga a revisar esta información e identificar puntos críticos de contaminación.
Aunque los síntomas aparecen en poscosecha, el inóculo proviene del campo, donde el polvo del suelo y la lluvia parecen ser los principales vectores de dispersión, junto con insectos como moscas del vinagre y escarabajos. Existe una correlación positiva entre la cantidad de patógeno en el suelo y la presente en hojas y frutos.
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C. Casals, P. Plaza, E. Zúñiga, R. Torres, M. Sisquella, N. Teixidó, J. Usall
Sour rot, an emerging postharvest disease on stone fruit in the Ebro Valley
Postharvest Biology and Technology, Volume 238,
https://doi.org/10.1016/j.postharvbio.2026.114353.
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0925521426002024
Imagen: IRTA