La chía (Salvia hispanica L.) se ha consolidado como un cultivo funcional de relevancia internacional gracias a su perfil nutricional, destacado por su alto contenido en ácido α-linolénico (omega-3), fibra dietética, proteínas y antioxidantes fitoquímicos. No obstante, la preservación de estas propiedades saludables depende de la eficacia con que se gestionan sus etapas poscosecha, dado que la semilla presenta una marcada susceptibilidad al deterioro microbiano y a la enranciamiento lipídico
El manejo poscosecha representa un punto de control crítico desde la recolección. Tras el trillado y la separación de impurezas, el secado rápido y controlado resulta indispensable para reducir la actividad de agua y el contenido de humedad a niveles seguros de almacenamiento. Un secado deficiente incrementa el riesgo de proliferación de mohos y micotoxinas, comprometiendo la inocuidad del lote y acelerando las reacciones de degradación enzimática.
Debido a la alta concentración de ácidos grasos poliinsaturados, la exposición al oxígeno, la luz y las temperaturas elevadas desencadena procesos de autoxidación que reducen la vida útil comercial de la chía. El empleo de tecnologías de envasado con barreras protectoras contra la luz y el aire, combinado con condiciones de almacenamiento a temperatura y humedad controladas, previene el deterioro de la fracción lipídica y retiene la capacidad antioxidante natural de las semillas.
Asimismo, la revisión evalúa los riesgos de contaminación cruzada, fraude alimentario y adulteración a lo largo de la distribución global, proporcionando un marco estratégico para estructurar cadenas de suministro seguras, sostenibles y alineadas con la normativa internacional de calidad.
Pueden acceder al libro aquí: "Semillas de chía: Aplicaciones en la industria agroalimentaria"