Las aguas mieles constituyen uno de los residuos más problemáticos asociados al beneficio húmedo del café. Se generan principalmente durante las etapas de desmucilaginado y lavado del grano y arrastran una elevada carga de azúcares, pectinas, restos de mucílago y otras partículas procedentes del fruto.
Su composición mayoritariamente orgánica no significa, sin embargo, que puedan verterse directamente al medio. Cuando estas aguas alcanzan una quebrada o cualquier otro cauce, la materia orgánica comienza a fermentar y degradarse, consumiendo una parte importante del oxígeno disponible. El resultado puede traducirse en malos olores, acumulación de lodos y, en los casos más graves, un deterioro evidente de la vida acuática.
Antes de determinar cómo tratar las aguas mieles, es necesario conocer las características concretas del efluente. No todas las fincas emplean el mismo proceso de beneficio ni generan aguas residuales con una composición idéntica.
Parámetros como el pH, la demanda química de oxígeno (DQO), la demanda bioquímica de oxígeno a cinco días (DBO₅), los sólidos suspendidos y la carga microbiológica proporcionan una información mucho más útil para definir el tratamiento que aspectos como el color o el olor, aunque estos últimos sean los primeros indicios que suelen llamar la atención.
Existe, además, una diferencia fundamental que no debe pasarse por alto: depurar no es lo mismo que desinfectar. Es posible reducir o controlar los microorganismos presentes en el agua y, al mismo tiempo, mantener un efluente altamente contaminante porque la materia orgánica continúa presente.
Por este motivo, el tratamiento de las aguas mieles debe plantearse de forma escalonada.
La primera actuación debería centrarse en generar la menor cantidad posible de agua residual y evitar, en la medida de lo posible, que la pulpa entre en ella. Posteriormente, es necesario separar los sólidos mediante los sistemas que mejor se adapten a las características de cada instalación, como tamices, filtros, procesos de decantación u otras tecnologías.
Cuando la carga orgánica es elevada, será necesario incorporar un tratamiento biológico antes de recurrir a una solución oxidante. De esta manera, se reduce previamente la materia orgánica que podría consumir rápidamente los agentes oxidantes y se prepara el efluente para las etapas posteriores.

Los humedales construidos constituyen otra alternativa que merece especial atención. En Colombia se han estudiado especies como el buchón de agua, la lechuga de agua y la enea, mientras que en otros países existen experiencias con carrizos y vetiver.
No obstante, la capacidad de depuración no depende exclusivamente de la planta. El proceso se produce gracias a la interacción del conjunto formado por las raíces, los microorganismos, el sustrato y un tiempo de permanencia suficiente para que tengan lugar los procesos de transformación y retención.
Estos sistemas pueden contribuir a reducir los sólidos, la materia orgánica y determinados nutrientes presentes en el agua. Algunas especies también pueden retener metales, pero este aspecto debe abordarse con cautela y sin generalizaciones.
Los metales pesados no constituyen necesariamente un problema característico de las aguas mieles. Antes de plantear medidas específicas, es necesario comprobar si están presentes y determinar en qué concentración. En caso de que puedan acumularse en las plantas, la biomasa retirada deberá analizarse antes de considerar cualquier posible utilización como abono.
Una vez reducidos los sólidos y buena parte de la carga orgánica, llega el momento de abordar el control microbiológico. Es en esta etapa donde CEBE Colombia puede intervenir mediante la combinación de distintas mezclas peroxiacéticas desarrolladas específicamente para este tipo de tratamiento.
La empresa no plantea una dosis universal para todas las aguas mieles. La elevada presencia de materia orgánica puede consumir rápidamente los agentes oxidantes, por lo que una aplicación realizada sin conocer previamente las características del efluente podría resultar insuficiente o, por el contrario, generar un coste innecesario.
Por ello, su metodología parte de una analítica y de pruebas previas que permitan determinar las condiciones adecuadas de aplicación, incluyendo la dosis necesaria, el tiempo de contacto y el protocolo de tratamiento.
El objetivo no es presentar un producto como una solución universal para las aguas mieles, sino establecer un tratamiento ordenado y actuar en el momento en que cada tecnología pueda ofrecer su mayor eficacia.
En este tipo de efluentes, como ocurre con cualquier problema relacionado con la gestión del agua, el punto de partida debe ser siempre el mismo: primero comprender qué tenemos delante y después decidir cómo actuar. Solo a partir de una correcta caracterización del agua y de un tratamiento por etapas será posible avanzar hacia una gestión más eficiente de las aguas residuales generadas durante el beneficio húmedo del café.