A simple vista, el romanesco parece una hortaliza diseñada por las matemáticas. Sus espirales verdes, su estructura fractal y su forma casi geométrica lo convierten en una de las brassicas más llamativas del mercado. Pero detrás de esa apariencia singular hay un producto todavía poco estudiado desde el punto de vista poscosecha.
Biblioteca Horticultura ha publicado un nuevo artículo técnico elaborado por María Fernanda Fernández León y Ana María Fernández León, centrado en el romanesco (Brassica oleracea var. botrytis) y en las técnicas necesarias para preservar su calidad después de la cosecha.
El trabajo recuerda que esta hortaliza mantiene una elevada actividad metabólica una vez recolectada. Como ocurre con otros productos frescos, sigue respirando y transpirando, lo que puede acelerar la pérdida de agua, el amarillamiento, la degradación de pigmentos y la pérdida de calidad comercial.
Aunque el romanesco destaca por su valor nutricional, su atractivo visual y su presencia creciente en mercados especializados, sigue siendo una de las brassicas con menos información específica en poscosecha.
El artículo señala que buena parte del conocimiento disponible procede de estudios realizados en brócoli y coliflor, debido a su fisiología similar. Sin embargo, sus características propias justifican la necesidad de generar más información específica sobre su conservación y comportamiento tras la cosecha.
Además, el romanesco suele aparecer agrupado con coliflor y brócoli en las estadísticas oficiales, lo que dificulta conocer con precisión su producción, su consumo y su importancia real en el mercado.
Entre las claves para mantener su calidad, el artículo destaca la importancia del preenfriamiento, la refrigeración cercana a 0 °C y el mantenimiento de una humedad relativa elevada.
Estas prácticas ayudan a reducir la respiración, retrasar la senescencia y limitar la pérdida de agua, factores decisivos para conservar el color, la firmeza y el aspecto comercial del producto.
También se abordan otras estrategias, como el uso de atmósferas modificadas y envases microperforados, que permiten alargar la vida útil del romanesco y mejorar su comportamiento durante el almacenamiento y la distribución.
El artículo también mira hacia las nuevas líneas de investigación en conservación poscosecha. Entre ellas figuran los recubrimientos comestibles, el plasma frío, la radiación UV-C, el ozono, los envases activos e inteligentes y el uso de compuestos naturales capaces de activar mecanismos de defensa en los tejidos vegetales.
Estas tecnologías buscan reducir pérdidas, limitar el uso de fungicidas químicos y mantener durante más tiempo la calidad sensorial, nutricional y microbiológica del producto.
En conjunto, el trabajo presenta al romanesco como mucho más que una hortaliza atractiva: una brassica con valor nutricional, potencial comercial y numerosos retos pendientes en conservación poscosecha.
Accede al artículo: “El romanesco: la brassica olvidada. Técnicas poscosecha de Brassica oleracea var. botrytis”