Los cítricos constituyen un pilar fundamental de la industria frutícola mundial, con una producción anual de 158 millones de toneladas y un papel crucial en la cadena de suministro internacional de fruta fresca.
El deterioro durante el transporte poscosecha y el almacenamiento sigue siendo un desafío crítico, ya que provoca pérdidas económicas significativas y reduce la calidad comercial de los cítricos.
Las enfermedades poscosecha representan hasta el 50 % de las pérdidas hortícolas; entre ellas, las especies de Penicillium -especialmente P. digitatum (agente causal del moho verde) y P. italicum (responsable por moho azul)- constituyen las amenazas más destructivas a nivel mundial para la vida útil de los cítricos.
El moho verde es particularmente problemático y puede ser responsable de la mayor parte de las pérdidas poscosecha (hasta el 90 %) en muchos sistemas de producción y almacenamiento.
El patógeno suele infectar a través de heridas producidas durante las operaciones de recolección y poscosecha, y su breve ciclo de infección favorece la producción de conidios, lo que facilita una rápida propagación en condiciones de almacenamiento. En consecuencia, el moho verde sigue siendo un obstáculo importante para el manejo poscosecha de los cítricos.
Históricamente, el control del moho verde de los cítricos se ha basado en el uso de fungicidas sintéticos; sin embargo, su uso prolongado ha suscitado inquietudes relacionadas con la resistencia a los fungicidas, las restricciones normativas, la persistencia de residuos y la contaminación ambiental.
Estos desafíos han impulsado el interés por el biocontrol como una alternativa respetuosa con el medio ambiente.
Los microorganismos antagonistas pueden inhibir a los patógenos poscosecha mediante diversos mecanismos, entre ellos la competencia por nutrientes y espacio, la producción de metabolitos antifúngicos, la inducción de respuestas de defensa en el hospedador y la formación de biopelículas.
Entre los géneros candidatos, Pseudomonas y Bacillus han despertado un interés considerable debido a su fuerte potencial antagonista, su tolerancia al estrés y su capacidad para colonizar eficazmente la superficie de los frutos, lo que los hace eficientes para su aplicación en poscosecha.
A pesar de estos avances, el conocimiento sobre la estructura, la dinámica y el potencial funcional de las comunidades microbianas asociadas de forma natural a los frutos recolectados sigue siendo limitado. Esta laguna de conocimiento dificulta el diseño racional y la optimización de consorcios microbianos para el biocontrol en poscosecha.
No obstante, los agentes de biocontrol basados en una sola cepa a menudo presentan un rendimiento variable debido a las fluctuaciones ambientales, la competencia con la microbiota residente y una amplitud funcional limitada. Para superar estas limitaciones, el concepto de “comunidad microbiana sintética” ha surgido como una estrategia prometedora para mejorar la robustez y la eficacia.
Las comunidades microbianas integran cepas compatibles con rasgos complementarios, lo que potencialmente ofrece una cobertura de nicho más amplia. El antagonismo cooperativo puede superar el desempeño de las cepas individuales en condiciones de poscosecha.
Asimismo, estudios ecológicos sugieren que las plantas y los hábitats asociados a ellas pueden reclutar selectivamente microorganismos beneficiosos en situaciones de estrés -una especie de "grito de auxilio"-, moldeando así comunidades microbianas que contribuyen a la resistencia frente a patógenos.
La aplicación de este marco ecológico a los sistemas de fruta en poscosecha puede permitir el ensamblaje racional de consorcios autóctonos adaptados a los entornos de la cáscara de los cítricos.
Paralelamente, los análisis de perfiles independientes del cultivo han revelado que los microbiomas asociados a la fruta desempeñan un papel importante en el desarrollo de enfermedades.
Estudios realizados en manzanas, tomates y fresas han demostrado que la composición y diversidad del microbioma pueden influir en la susceptibilidad a patógenos de poscosecha.
La microbiota del epicarpio de los cítricos es dinámica y puede experimentar cambios sustanciales durante la manipulación, el lavado y el almacenamiento en la poscosecha.
Sin embargo, aún no se comprenden bien los cambios funcionales que ocurren entre comunidades específicas y la supresión de enfermedades mediada por Bacillus sp., ni la relación que guardan los distintos “consorcios sintéticos” derivados de dicha microbiota.
En un estudio reciente , fue utilizada una cepa endófita autóctona, Bacillus subtilis L1–21, como candidato principal de biocontrol y elemento impulsor ecológico para investigar cómo su aplicación afecta a la recuperación de otros microorganismos cultivables presentes en los cítricos que poseen potencial antagonista frente a Penicillium digitatum.
Se trataron cítricos con la cepa endófita L1–21; posteriormente, se aislaron los microorganismos epífitos y endófitos asociados y se evaluó su capacidad antagonista frente a P. digitatum.
Los aislados de Bacillus con actividad antagonista seleccionados se combinaron con la cepa L1–21 para formar consorcios microbianos, los cuales se evaluaron mediante ensayos de inhibición in vitro y de supresión de la enfermedad in vivo.
Además, se cuantificaron las actividades enzimáticas relacionadas con los mecanismos de defensa y diversos metabolitos clave (ácidos y azúcares) para analizar las respuestas fisiológicas asociadas al tratamiento frente a la infección por el patógeno.
También, se llevó a cabo la caracterización del microbioma para determinar cómo el tratamiento con el endófito L1–21 se asocia con cambios en la composición de las comunidades bacterianas epífitas y endófitas de los cítricos, proporcionando así un contexto ecológico para el flujo de trabajo basado en cultivos y el posterior desarrollo de “comunidades sintéticas”.
Ensayos de cultivo con cepas individuales inhibieron P. digitatum en un 53–66%, mientras que los tratamientos con “comunidades sintéticas” lograron una inhibición de hasta el 90%.
Los ensayos in vivo demostraron además que las “comunidades sintéticas” proporcionan una supresión de la enfermedad superior al 95% en comparación con los controles no tratados.
Se cuantificaron actividades enzimáticas relacionadas con la defensa como peroxidasa, quitinasa, lipasa, fenilalanina amonio-liasa y proteasa) y componentes del fruto (ácidos orgánicos y azúcares), lo que indicó que los tratamientos con endófitos se asociaban a una modulación -dependiente del tratamiento- de las respuestas fisiológicas y de defensa del hospedador frente al patógeno.
Asimismo, el análisis del microbioma reveló que la aplicación del endófito L1–21 provocó cambios en la composición del microbioma beneficioso asociado a los cítricos y un enriquecimiento diferencial de múltiples taxones bacterianos (Bacillus, Levilactobacillus, Leuconostoc), además de suprimir géneros oportunistas.
En conjunto, estos resultados respaldan el desarrollo de consorcios sinérgicos autóctonos basados en Bacillus L1–21 como una opción prometedora de biocontrol contra el moho verde de los cítricos.
Mawdod P. A.; , He,P.; Khan, R.; He, Y.; Wu , Y.; Ahmed , A.; Liu, Y.; Tang, G.; Tang, P.; Li , Y.; Di, Y.; He P.; Munir, S. (2027).
Designing indigenous Bacillus-based consortia derived from citrus fruit to confer resistance against the green mold pathogen
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