La contaminación de los alimentos por micotoxinas sigue siendo uno de los grandes retos en seguridad alimentaria. Estas sustancias tóxicas, producidas por diversos hongos, pueden aparecer en una amplia variedad de productos y su presencia plantea riesgos para la salud, además de importantes pérdidas económicas. En este contexto, Biblioteca Horticultura ha publicado un nuevo artículo técnico que revisa el potencial del plasma atmosférico no térmico como herramienta para reducir este problema.
El trabajo, firmado por investigadores de la Universidad de León, repasa la relevancia de las principales micotoxinas, sus efectos y las limitaciones de las técnicas convencionales de control. También analiza las posibilidades que ofrece el plasma atmosférico no térmico, una tecnología emergente basada en gases excitados que genera especies reactivas capaces de degradar moléculas complejas, incluidas las micotoxinas. Entre sus ventajas, el artículo destaca su aplicación a temperatura ambiente, el bajo consumo energético y su escaso impacto sobre la calidad del alimento.
Una tecnología con resultados prometedores
El texto recuerda que entre las micotoxinas más relevantes figuran las aflatoxinas, la ocratoxina A, la patulina, la zearalenona, las fumonisinas o los tricotecenos, presentes en cereales, frutos secos, frutas, café, vino, zumos y otros alimentos. También subraya que la FAO ha estimado que hasta un 25% de los cultivos pueden estar contaminados por micotoxinas, aunque distintos estudios apuntan a una incidencia aún mayor.
El artículo recoge distintos ensayos en los que el plasma no térmico ha mostrado capacidad para reducir aflatoxinas, deoxinivalenol, zearalenona, ocratoxina A y fumonisinas en productos como frutos secos, cereales, café, harinas o leche. Sin embargo, también señala que su eficacia depende de factores como la potencia aplicada, el gas empleado, el tiempo de tratamiento, la distancia a la muestra o la propia naturaleza del alimento. Por ello, los autores concluyen que se trata de una tecnología muy prometedora, aunque todavía necesita optimización antes de su implantación industrial.
Accede al artículo: "Micotoxinas bajo presión. El plasma atmosférico no térmico como estrategia para reducir el riesgo de su presencia en los alimentos"