En la exportación frutícola, el viaje no comienza cuando la fruta sale del packing ni termina cuando cruza la puerta del mercado de destino. Entre ambos puntos existe una etapa determinante para el resultado comercial: el tránsito. En ese trayecto, la estabilidad atmosférica al interior del envase y la capacidad de mantener una condición fisiológica equilibrada se convierten en una extensión directa del desarrollo técnico realizado previamente.
Desde Paclife explican que el desarrollo de un envase no termina en la elección del material ni en su configuración final. Parámetros como la permeabilidad, el nivel de ventilación, el tipo de sellado, el espesor y el comportamiento frente al vapor de agua y a los gases definen cómo responderá la fruta ante variaciones térmicas, extensiones de tránsito y desviaciones logísticas en rutas de exportación que pueden superar los 30 o incluso 45 días. En este contexto, el seguimiento en tránsito permite validar si esa ingeniería cumple su objetivo en condiciones reales y no solo en escenarios controlados.
Durante el viaje, la fruta continúa respirando y ajustando su balance hídrico. Pequeñas fluctuaciones de temperatura o de composición atmosférica pueden modificar las tasas respiratorias, acelerar el consumo de reservas o aumentar las pérdidas de peso.
Según se detalla, variaciones de deshidratación inferiores al 1% pueden marcar diferencias en firmeza y apariencia comercial, mientras que desviaciones mayores incrementan la probabilidad de defectos fisiológicos y pérdida de valor en destino. Cuando el envase no logra equilibrar el intercambio gaseoso y la retención de humedad, esas respuestas fisiológicas se traducen en deterioro visible. Por ello, la estabilidad atmosférica interna se vuelve tan determinante como la cadena de frío.
El monitoreo técnico durante el tránsito permite evaluar ese comportamiento más allá de la percepción final. Las mediciones de peso, firmeza y condición externa e interna al arribo entregan datos que retroalimentan el desarrollo de soluciones futuras. El objetivo no es únicamente confirmar que la fruta llegó en condición aceptable, sino identificar qué variables influyen en el resultado y cómo ajustes en ventilación, permeabilidad o sellado pueden optimizar desempeños posteriores.
En trayectos largos y con ventanas comerciales estrechas, el envase cumple un rol activo en la conservación de la calidad. Paclife señala que materiales con permeabilidad controlada al vapor de agua, como estructuras basadas en polietileno o polipropileno, han mostrado pérdidas de peso inferiores al 1% en cerezas y entre 0,0% y 0,1% en arándanos en evaluaciones de campaña, lo que evidencia su impacto en la estabilidad de condición. Mantener una alta humedad relativa sin generar condensación excesiva, junto con un intercambio gaseoso alineado con la fisiología del producto, permite preservar firmeza, brillo y estructura hasta el punto de venta. Ese desempeño se confirma o ajusta a través del seguimiento técnico.
La evaluación en destino cierra este ciclo transformando información en decisiones operativas. Comparar resultados entre variedades, mercados y condiciones logísticas genera aprendizaje acumulativo aplicable en la siguiente temporada. Cada embarque aporta evidencia sobre el comportamiento fisiológico y la respuesta del material, consolidando al envase como una herramienta de mejora continua.
Este proceso se refuerza con informes en tiempo real disponibles a través de la app de clientes Paclife, que facilitan el acceso inmediato a datos de desempeño y permiten decisiones más ágiles durante el tránsito y al arribo. Desde una perspectiva productiva, mantener la condición de arribo no solo protege el valor comercial, sino que reduce mermas, reprocesos y descartes. En cadenas donde los márgenes dependen de estabilidad y consistencia, un envase correctamente diseñado contribuye a que el esfuerzo invertido desde el huerto hasta la logística se traduzca en fruta comercializable y disponible para consumo.
El seguimiento en tránsito no constituye una etapa aislada, sino la validación final del desarrollo técnico previo. Es el punto donde convergen ingeniería del material, fisiología del producto y realidad logística, confirmando si la calidad construida en el packing logra sostenerse a lo largo del viaje.
Fuente: Paclife