Hay una conversación que se repite cada vez más en las explotaciones de berries de Extremadura. El técnico confirma la presencia de Botrytis o oidio, recomienda el tratamiento habitual, se aplica correctamente, y el resultado no es el esperado. Se sube la dosis. Tampoco funciona. Se cambia de producto. Funciona una campaña, quizás dos. Y el ciclo vuelve a empezar.
No es un problema de aplicación ni de diagnóstico. Es un problema estructural: los patógenos más problemáticos del sector han desarrollado resistencias a los principales grupos de fungicidas disponibles, y esa resistencia no desaparece cuando se deja de usar el producto.
Las resistencias son el resultado acumulado de años de presión de selección: cada aplicación elimina los individuos sensibles y deja sobrevivir a los que presentan algún mecanismo de resistencia. Con el tiempo, esos individuos dominan la población y el producto deja de ser eficaz.
En Botrytis cinerea este proceso está documentado para prácticamente todos los grupos fungicidas utilizados en las últimas cinco décadas. Los benzimidazoles perdieron eficacia a finales de los 70. Las dicarboximidas, en los 80. Los SDHIs — que llegaron al mercado como la solución de nueva generación — ya presentan cepas resistentes documentadas en múltiples países europeos, incluida España. Podosphaera aphanis, agente causal del oidio en fresa, sigue una dinámica similar con IBEs y estrobilurinas.
Las consecuencias se acumulan campaña tras campaña. El coste de tratamiento crece — un programa de control de Botrytis que hace diez años costaba 400-500 €/ha puede superar hoy los 1.000-1.200 €/ha — mientras los resultados no mejoran proporcionalmente. Al mismo tiempo, el intento de compensar la pérdida de eficacia con mayor frecuencia o dosis de aplicación incrementa la carga de residuos en fruta, acercando los niveles a los límites máximos de residuos (LMR) de los mercados europeos de destino. Un rechazo de partida por superación de LMR representa pérdidas que van mucho más allá del valor de la partida rechazada.
Agro ECA Protect actúa por oxidación directa: el ácido hipocloroso penetra en la célula fúngica y destruye de forma no selectiva sus estructuras proteicas, su membrana celular y su material genético. No inhibe una enzima específica ni bloquea una ruta metabólica concreta, lo que significa que no existe presión de selección y ningún patógeno puede desarrollar mecanismos de evasión frente a él.
La eficacia del producto contra Botrytis cinerea, Podosphaera aphanis y el resto de patógenos relevantes en berries es la misma en la primera campaña de uso que en la décima, independientemente del historial de tratamientos de la explotación y del grado de resistencia desarrollado por la población fúngica local.
Su integración en el programa fitosanitario — con aplicaciones preventivas al 2,5% y curativas al 4,0% — permite reducir la presión sobre los fungicidas convencionales, prolongar su vida útil y gestionar con mayor margen el cumplimiento de LMR, sin comprometer la eficacia del programa de protección del cultivo.
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