Las pérdidas poscosecha de frutas y hortalizas continúan representando uno de los principales desafíos para la cadena agroalimentaria debido al deterioro fisiológico, la proliferación microbiana y la reducción de la calidad durante el almacenamiento y la distribución.
En este contexto, las tecnologías basadas en la luz, especialmente los diodos emisores de luz (LED) y la radiación ultravioleta (UV), han surgido como alternativas no térmicas y libres de residuos para preservar la calidad de los productos frescos. Su principal ventaja radica en la posibilidad de controlar con precisión parámetros como la longitud de onda, la intensidad lumínica y el tiempo de exposición.
La revisión recopila y compara investigaciones que evalúan el papel de estas tecnologías a lo largo de todo el ciclo productivo, desde la fase de crecimiento del cultivo hasta la conservación tras la cosecha. Los estudios analizados muestran cómo la luz puede influir en el desarrollo de los frutos, la fotosíntesis, el metabolismo vegetal y diferentes mecanismos moleculares relacionados con la calidad.
Asimismo, se destacan los efectos de determinados espectros lumínicos sobre la acumulación de antioxidantes y compuestos bioactivos, la prolongación de la vida útil, el control de microorganismos, la regulación de la senescencia y el mantenimiento de atributos comerciales y sensoriales.
Los autores señalan que las respuestas observadas siguen siendo muy variables según la especie, la variedad, el estado de desarrollo del producto y las condiciones de aplicación, lo que dificulta la creación de protocolos universales. Por ello, el trabajo también examina las limitaciones metodológicas existentes y los retos asociados a la implementación comercial de estas tecnologías.
Como aportación diferencial, la revisión integra respuestas fisiológicas, bioquímicas y moleculares específicas para cada longitud de onda con consideraciones prácticas orientadas a la industria. Este enfoque permite identificar tendencias emergentes y establecer una base para el desarrollo de estrategias de conservación predictivas, adaptadas a cada cultivo y escalables a nivel comercial, contribuyendo a una gestión poscosecha más sostenible y a la reducción de las pérdidas alimentarias.