En poscosecha, la etiqueta suele incorporarse tarde al flujo de confección y, aun así, condiciona resultados muy visibles. Debe seguir cumpliendo su función cuando el producto ya ha pasado por preenfriado, cámaras, cambios térmicos y un manejo intensivo. Y es precisamente en ese recorrido donde aparecen los fallos que más penalizan a una central.
La adhesión se resiente cuando la superficie llega con humedad o condensación, o tras tratamientos como ceras y recubrimientos. Al mismo tiempo, la legibilidad de los códigos se degrada por el roce con cajas, cintas o cepillos. Así, lo que en un entorno seco y estable parece correcto, en condiciones reales termina traduciéndose en etiquetas desplazadas, arrugadas o despegadas, y en códigos que no se leen con fiabilidad.
El impacto es práctico y medible, porque obliga a reetiquetar, introduce paradas y retrabajos, aumenta la manipulación y la merma, y debilita la trazabilidad por unidad justo cuando más se necesita, tanto si el operador trabaja con marca propia como si confecciona para clientes o programas de exportación que exigen consistencia, lectura rápida y cumplimiento.
Enfoque de Xeda Ibérica y cómo se traduce a decisiones técnicas
La propuesta de Xeda parte de una idea sencilla, que en central suele marcar la diferencia, y es que una etiqueta no se selecciona por aspecto sino por compatibilidad con el proceso, ya que el resultado depende de la condición de la superficie del producto, del ambiente de aplicación con su temperatura, humedad relativa y cambios térmicos, de la combinación entre material y adhesivo, y de la resistencia de la impresión cuando la unidad se manipula y se mueve por la línea.
Con ese enfoque, Xeda desarrolla soluciones de etiquetado para fruta y verdura orientadas a identificar el producto y soportar trazabilidad, incluyendo formatos que integran códigos para ampliar información o conectar con sistemas internos, y que se ajustan a las necesidades habituales de productores, centrales, exportadores y distribuidores, donde se busca que el etiquetado no sea una fuente recurrente de incidencias, sino una parte estable del flujo de confección.
En la práctica, esto se traduce en trabajar con especificaciones y validaciones en condiciones reales, con pruebas en cámara y en manejo, y con criterios que combinan funcionalidad y sostenibilidad, porque un material con menor impacto solo aporta valor si mantiene rendimiento, evita reprocesos y reduce residuo, y esa es la forma útil de abordar el etiquetado cuando el objetivo es eficiencia operativa además de presentación.