La conservación de la ciruela cuenta con una nueva vía de investigación para reducir el deterioro después de la cosecha. Un equipo del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), con participación de la Universidad Nacional de Mar del Plata y el CONICET de Argentina, ha desarrollado recubrimientos comestibles con compuestos antifúngicos que redujeron la podredumbre parda en ensayos y contribuyeron a preservar la calidad de la fruta durante el almacenamiento frigorífico.
El trabajo, publicado en Foods, destaca el potencial de una formulación con geraniol por sus resultados conjuntos frente a la enfermedad y la pérdida de peso. La investigación aborda un problema de especial interés para las centrales hortofrutícolas: limitar las pérdidas durante la conservación sin perjudicar las características que valora el consumidor.
La podredumbre parda, causada en este estudio por el hongo Monilinia fructicola, es una de las principales enfermedades poscosecha de la fruta de hueso. Las infecciones pueden comenzar en el campo y permanecer latentes hasta que aparecen las condiciones favorables para su desarrollo.
Los investigadores elaboraron recubrimientos a base de hidroxipropilmetilcelulosa, un derivado de la celulosa, y componentes lipídicos, a los que incorporaron sustancias con actividad antifúngica. Tras una primera selección, evaluaron formulaciones con geraniol y aceites esenciales de hierba limón y mirra en ciruelas ‘Angeleno’, almacenadas hasta seis semanas a 1 °C y un 90% de humedad relativa, seguidas de cuatro días a 20 °C para simular la vida comercial.
Estas formulaciones permiten una doble función: por un lado, crean una barrera semipermeable a los gases y al vapor de agua que ralentiza la respiración y la deshidratación del fruto; por otro, liberan progresivamente los principios activos necesarios para inhibir la germinación de esporas y el desarrollo micelial del patógeno.
Los resultados más destacados en incidencia se obtuvieron a las tres semanas de refrigeración. Los recubrimientos con geraniol y mirra redujeron la proporción de frutos afectados en un 45% y un 70%, respectivamente, frente al control sin recubrir. Las pruebas se realizaron sobre fruta inoculada artificialmente con el patógeno y tratada 24 horas después, lo que permitió evaluar su acción sobre infecciones ya iniciadas.
Al finalizar las seis semanas de frío y los cuatro días adicionales a 20 °C, los recubrimientos antifúngicos redujeron entre un 35% y un 50% el diámetro de las lesiones. Este resultado refleja una menor extensión de la podredumbre, aunque no equivale a eliminar la enfermedad ni a reducir en ese mismo porcentaje el número de frutos afectados.
La investigación también examinó la calidad en un lote independiente de ciruelas no inoculadas. La formulación con geraniol disminuyó la pérdida de peso al final del ensayo, mientras que varios recubrimientos ayudaron a conservar la firmeza. Además, la fruta recubierta presentó mayor brillo.
La evaluación sensorial, realizada por diez catadores semientrenados, no detectó efectos negativos atribuibles a los tratamientos sobre el sabor ni la aparición de sabores extraños. Tampoco se observaron diferencias significativas en el contenido de sólidos solubles durante el almacenamiento.
Los autores identifican la formulación con 2 gramos de geraniol por kilogramo de recubrimiento como la opción más prometedora del conjunto estudiado. Su aplicación comercial requiere avanzar en la optimización de las formulaciones y ampliar las pruebas a otras variedades y especies de fruta de hueso. Los resultados abren así una vía para desarrollar tratamientos poscosecha que combinen el control del deterioro con el mantenimiento de la calidad comercial.
La implementación de recubrimientos formulados con matrices alimentarias y extractos de residuos vegetales facilita la transición de las centrales de empaque hacia sistemas de manejo integrado no contaminantes. Al sustituir o complementar los fungicidas sintéticos convencionales, esta tecnología permite cumplir con las normativas internacionales de seguridad alimentaria y responder a las exigencias de los mercados que priorizan la fruta sin residuos de síntesis.
Alvarez, M. V., Palou, L., Taberner, V., & Pérez-Gago, M. B. (2025).
https://doi.org/10.3390/foods14234088
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