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Las claves para evitar las principales pérdidas poscosecha del melón

Una revisión analiza los principales problemas que afectan a la calidad poscosecha del melón y recoge las prácticas recomendadas para reducir daños físicos fisiológicos y microbiológicos durante el almacenamiento y la comercialización

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07 Julio, 2026
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El melón es uno de los cultivos hortícolas más importantes del mundo y continúa respirando tras la cosecha, lo que favorece su deterioro durante la cadena de suministro. Una adecuada gestión poscosecha resulta esencial para conservar su calidad y reducir las pérdidas económicas.

Existen numerosos grupos varietales dentro de la especie Cucumis melo, con diferencias en tamaño, color, textura, dulzor y comportamiento durante la maduración. Algunas variedades son climatéricas y requieren etileno para completar la maduración, mientras que otras no dependen de esta hormona.

Entre los principales indicadores externos de calidad destacan la ausencia de daños superficiales, una corteza íntegra, firmeza adecuada, un pedúnculo limpio y un peso acorde con el tamaño del fruto. Internamente, los parámetros más utilizados son el contenido en sólidos solubles y la acidez titulable.

Los programas de mejora genética suelen priorizar una mayor vida útil, aunque esto puede afectar al sabor. Por ello, la recolección en el momento óptimo de madurez sigue siendo fundamental para obtener frutos de alta calidad.

Problemas físicos

Los daños mecánicos constituyen una de las principales causas de pérdida de calidad. Golpes, compresiones durante el apilado o una manipulación incorrecta provocan grietas, magulladuras y lesiones internas que reducen la vida comercial del fruto.

Otro aspecto crítico es la presencia de humedad libre sobre la superficie del melón. Tras el lavado y la desinfección, los frutos deben secarse correctamente para evitar el desarrollo de enfermedades y minimizar el riesgo de contaminación cruzada.

Problemas fisiológicos

El etileno desempeña un papel decisivo en la maduración del melón. Una exposición excesiva, ya sea procedente del propio fruto o de fuentes externas, acelera el envejecimiento y reduce la calidad comercial.

Entre los principales cambios fisiológicos destacan la pérdida de color, el ablandamiento de la pulpa, el incremento prematuro de los sólidos solubles y la disminución de la acidez. Para retrasar estos procesos pueden utilizarse tratamientos con 1-metilciclopropeno (1-MCP), aplicaciones de calcio, almacenamiento refrigerado o envases en atmósfera modificada.

La pérdida de peso también representa un problema importante como consecuencia de la respiración y de la pérdida de agua. Mantener temperaturas entre 7 y 10 °C, una humedad relativa del 90-95 % y sistemas de atmósfera controlada ayuda a reducir este proceso.

Daños por frío

Aunque la refrigeración prolonga la conservación, temperaturas inferiores a 4 °C durante varios días pueden provocar daños por frío en la mayoría de variedades.

Estos daños se manifiestan mediante pardeamientos, depresiones en la superficie, manchas hundidas, alteraciones en la maduración y una mayor susceptibilidad a infecciones fúngicas. La sensibilidad disminuye conforme aumenta el grado de madurez del fruto.

Problemas de maduración y sabor

Un almacenamiento demasiado frío o unas condiciones inadecuadas de atmósfera controlada pueden impedir una correcta maduración, especialmente en frutos recolectados de forma precoz.

Asimismo, concentraciones elevadas de dióxido de carbono pueden originar sabores extraños derivados de la respiración anaerobia, aunque estos suelen desaparecer cuando los frutos vuelven a almacenarse en aire normal.

Problemas patológicos

Los melones pueden albergar bacterias, hongos y otros microorganismos tanto en el campo como durante la manipulación poscosecha. La cercanía del fruto al suelo favorece la contaminación de la corteza por patógenos presentes en el suelo, el agua o el estiércol.

Las variedades con corteza reticulada presentan un mayor riesgo de contaminación, ya que los microorganismos quedan retenidos con mayor facilidad en su superficie.

Entre los patógenos más relevantes figuran Salmonella, Listeria, Escherichia coli y norovirus, responsables de numerosos brotes de enfermedades alimentarias. También son frecuentes diversos hongos como Alternaria, Penicillium, Rhizopus o Aspergillus, cuyo desarrollo puede reducirse mediante tratamientos con agua caliente, bajas temperaturas y almacenamiento en atmósfera controlada.

La monitorización mejora la gestión poscosecha

El seguimiento continuo de la calidad permite detectar alteraciones antes de que afecten al valor comercial del fruto. Actualmente existen equipos de medición no destructiva capaces de evaluar sólidos solubles, acidez y otros parámetros sin dañar el melón, facilitando la toma de decisiones durante toda la cadena de suministro.

Los autores también destacan la importancia de controlar la concentración de oxígeno, dióxido de carbono y etileno en cámaras de conservación y sistemas de atmósfera modificada para optimizar la vida útil del producto.

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