El sector oleícola es uno de los pilares de la agricultura mediterránea, con especial relevancia en España, que concentra cerca del 45% de la producción mundial de alperujo. Este subproducto, generado durante la extracción del aceite de oliva, representa un importante desafío ambiental y logístico debido a su elevada carga orgánica y a la presencia de compuestos fenólicos con actividad fitotóxica. A este problema se suman factores como la variabilidad climática, la vecería del cultivo o el aumento de los sistemas intensivos de producción, que provocan fuertes oscilaciones en la generación de alperujo. Estas fluctuaciones dificultan su correcta gestión y pueden llegar a comprometer la capacidad de tratamiento de las orujeras en campañas de alta producción.
Paralelamente, la degradación del suelo agrícola avanza a un ritmo preocupante, con pérdidas estimadas en España de hasta 21 t/ha al año. Mantener la fertilidad edáfica se ha convertido, por tanto, en un elemento clave para garantizar la sostenibilidad y productividad del sistema agrícola. En este contexto, la biodiversidad del suelo resulta clave, porque condiciona procesos fundamentales como el ciclo de nutrientes, la actividad biológica del suelo, la disponibilidad de agua y la respuesta de los cultivos frente a situaciones de estrés. Por ello, preservar y estimular esta biodiversidad es fundamental para reforzar la resiliencia de los cultivos, mejorar la salud del suelo y avanzar hacia sistemas agrícolas más sostenibles.
La valorización del alperujo como recurso agronómico representa, por tanto, una oportunidad estratégica para avanzar hacia modelos de economía circular en el sector del olivar. Este enfoque se ve reforzado por la incorporación de microorganismos bioestimulantes aislados de ambientes edafoclimáticos similares a los de aplicación, lo que favorece su adaptación supervivencia y funcionalidad en el suelo, así como por el uso de biopolímeros, que contribuyen a la protección y viabilidad de los microorganismos y aportar un valor añadido al desarrollo de soluciones más robustas y sostenibles.
En este contexto surge SIMBIOLIVA, una iniciativa colaborativa en la que participan entidades del sector primario como DCOOP y El Ejidillo, centros de investigación como el CSIC y la Universidad San Pablo CEU, junto con empresas de I+D aplicada como Domca y DMC Research, así como organismos de representación y plataformas de innovación como la Federación de Cooperativas Agroalimentarias de Andalucía y BIOVEGEN. El proyecto tiene como objetivo desarrollar nuevas soluciones biotecnológicas para impulsar una economía circular del olivar asociada al alperujo, mejorando la gestión y valorización de este subproducto y contribuyendo al mismo tiempo a proteger el suelo frente a la degradación e incrementar la resiliencia de los cultivos.
La estrategia de SIMBIOLIVA se basa en la combinación de procesos físico-químicos y tratamientos biológicos para revalorizar el alperujo y convertirlo en una solución útil para la agricultura y, por otro, incorporar microorganismos beneficiosos que mejoren su funcionalidad y refuercen su efecto positivo sobre el suelo y la planta. El resultado esperado es una solución basada en la naturaleza que combine una enmienda orgánica mejorada con una formulación de base microbiana, favoreciendo la fertilidad del suelo, su actividad biológica y el avance hacia modelos agrícolas más sostenibles.
El suelo alberga una gran diversidad de microorganismos con un papel esencial en el funcionamiento de los sistemas agrícolas. Bacterias, hongos y otros microorganismos intervienen en procesos clave como el ciclo de nutrientes y la regulación de patógenos. En este contexto, la rizosfera —la zona del suelo que rodea las raíces— constituye un espacio de intensa actividad biológica, donde las interacciones entre planta y microorganismos influyen directamente en la disponibilidad de nutrientes, el crecimiento vegetal y la respuesta frente a situaciones de estrés biótico y abiótico.
Entre los microorganismos de mayor interés agronómico destacan las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR), capaces de favorecer el desarrollo de las plantas mediante mecanismos como la fijación de nitrógeno y la solubilización de nutrientes, y con actividad antagonista frente a patógenos del suelo, contribuyendo a mejorar la sanidad vegetal.
Dentro del proyecto, DMC Research desempeña un papel central en el desarrollo de soluciones de base microbiana, una de las líneas clave del proyecto orientadas a mejorar la interacción suelo-planta-microorganismo.
DMC Research ha centrado su trabajo en el aislamiento y caracterización de microorganismos de suelo con potencial aplicación agronómica. Para ello, se han estudiado muestras de suelo proporcionadas por El Ejidillo, procedentes de ambientes con distinto grado de degradación, desde suelos de dehesa hasta suelos urbanos, con el fin de identificar microorganismos nativos adaptados a diferentes condiciones edafoclimáticas. A este trabajo se suma la caracterización de cepas aisladas previamente de suelos agrícolas y conservadas en la propia colección de DMC.
DMC Research ha seleccionado y caracterizado microorganismos con potencial de uso en agricultura, pertenecientes a géneros como Bacillus, Pseudomonas y Trichoderma, en función de propiedades de interés agronómico como la mejora en la disponibilidad de nutrientes o su actividad frente a patógenos radiculares.
En una segunda línea de trabajo, DMC ha estudiado cómo combinar los distintos microorganismos seleccionados para formar consorcios microbianos estables y eficaces. Este aspecto es especialmente relevante, ya que no basta con disponer de cepas con interés agronómico de manera individual, sino que es necesario comprobar que pueden actuar de forma compatible y complementaria, reforzando su efecto una vez aplicadas en suelo o planta.
Además, se ha evaluado la compatibilidad de estos microorganismos con biopolímeros, en particular con quitosano, una sustancia de origen natural que puede contribuir a mejorar su protección, viabilidad y persistencia tras la aplicación. Este enfoque permite avanzar hacia formulaciones más robustas y mejor adaptadas a condiciones reales de cultivo.
En conjunto, estas actividades sientan las bases para desarrollar una formulación de base microbiana que, combinada con la enmienda orgánica obtenida a partir del alperujo tratado, contribuya al desarrollo de un producto simbiótico de alto valor agronómico, orientado a mejorar la funcionalidad del suelo y la resiliencia de los cultivos.
En fases posteriores del proyecto, estas soluciones serán evaluadas en diferentes especies agrícolas, forestales y ornamentales, lo que permitirá validar su eficacia en condiciones reales y ampliar su ámbito de aplicación.
SIMBIOLIVA es un Grupo Operativo supranacional con presencia en Andalucía, Comunidad de Madrid y Castilla y León. El proyecto se financia en el marco del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027, con el apoyo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER). Inversión total: 579.152,32 € cofinanciado al 80% por la Unión Europea a través del Plan Estratégico de la PAC - FEADER.
Foto: De izquierda a derecha, José Manuel García Madero, Ana Falcón Piñeiro y Abdelkader Boutine, investigadores del grupo operativo Simbioliva.
Fuente: Domca, José M. García-Madero y Ana Falcón Piñeiro